ENBLANCO
Aspirantes a ricos
LOS gobiernos de los países de Europa Central y Oriental que están a la cola para entrar en la Unión Europea aportarán territorio, habitantes, algunos recursos naturales y unos enormes deseos de sus ciudadanos de beneficiarse económicamente a través de la política agrícola común y de los fondos estructurales. Naturalmente, a corto plazo, la repercusión sobre los actuales países miembros será negativa, y de manera muy singular para los que, como el nuestro, cuentan con las economías proporcionalmente menos boyantes. En la Unión Europea existen expertos, comités, grupos de trabajo y convenciones para definir las reformas institucionales que requiere la proyectada gran ampliación. No está mal que se preparen modelos, pero sin dejar de recordar que el papel puede aguantar cualquier cosa y que será la economía la que determine la política a seguir que, en el fondo, será la de siempre, exista o no una Constitución europea y tanto si se opta por una federación de Estados como si se mantiene la vieja idea de la Europa de las patrias que, como el concepto de Estado-Nación, se mantiene en la actualidad. En cuanto a los nuevos ciudadanos europeos, la mayoría de ellos seguramente seguirán siendo pobres de solemnidad e incluso puede que aumente su miseria ante el panorama de una política económica cada vez más flexible y de unos mercados laborales también extremadamente flexibles, cuyos efectos tal vez puedan paliarse con un modelo social europeo que, a lo mejor, algún día se decidan a diseñar quienes añoran la beneficencia.