EN EL FILO
El tremendo retorno
I usted creyó que el mes de julio fue informativamente de infarto, con su crisis de Gobierno, su islote Perejil, su debate sobre el estado de la nación, sus amenazas de Ibarretxe... Si usted ha pensado que menudo agosto de titulares nos han dado entre las bombas de ETA en Santa Pola y la ilegalización de Batasuna, prepárese. Porque septiembre, el mes que acabamos de estrenar, viene lleno de incertidumbres, retos, amenazas y nubarrones. Difícil va a ser mostrarse optimista ante algunos de los desafíos en ciernes, que van a exigir mucho coraje, bastante diálogo y una buena dosis de unidad entre las fuerzas democráticas. Ahí está la agenda: hoy, presentación masiva de las pruebas que vinculan a Batasuna con ETA, para que los escépticos salgan de dudas. Y, luego, más manifestaciones en el País Vasco y quizá algún otro susto de la banda del terror, como el que intentaron darnos este fin de semana. Aunque no falta quien opine que la banda prefiere apostar por el victimismo, y presentar a sus cachorros como objeto de las medidas represivas injustas «de Madrid»; en este sentido prepara Batasuna, se asegura, una campaña de prensa europea. Una campaña que se compadecería mal con los tiros y bombas de los «hermanos mayores» de ETA. Y luego, Ibarretxe, quien, según se dice en algunos medios, cocina algún espectacular golpe, dentro de la legalidad, para exigir la reforma del Estatuto, a la vista de que el Gobierno central no acaba de conceder el traspaso de una treintena de competencias que, según el lehendakari, ya se les deben. La situación en Euskadi va a requerir, por tanto, algo más que las medidas policiales para garantizar la efectiva marginación de Batasuna. Va a exigir algo que parece más difícil: diálogo entre el Gobierno central y el autonómico. La presente situación de total incomunicación entre ambos gobiernos no puede mantenerse mucho más tiempo ya. Y casi estoy a punto de decir lo mismo con respecto de otras autonomías, entre ellas la mismísima Cataluña. Ojalá que septiembre sea, además de el mes en el que se conmemora el primer aniversario de la tristísima matanza de Nueva York, además del mes en el que Bush pueda atacar unilateralmente Irak, además del mes en el que Marruecos intente dar algún otro portazo a España (va a ser difícil que se celebre esa prevista cumbre entre la ministra Palacio y su colega Benaissa), además del mes de las premovilizaciones sindicales, ojalá, digo, sea también el mes del diálogo. Nunca como en este regreso de unas vacaciones agitadas por las iniciativas de los poderes judicial, legislativo y ejecutivo para ilegalizar a los amigos de ETA, enemigos de todos los demás, nunca habremos estado tan pendientes de lo que desde La Moncloa se diga y se haga. Y de a quién se invite a sentarse en el sofá de las entrevistas.