Diario de León
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EL pasado mes, como consecuencia de la famosa Declaración de Mallorca, ha sido fructífero en debate acerca de nacionalismos, regionalismos... y de leonesismo. Y hemos asistido a él, ya sea como participantes o meros espectadores, tanto en radios, televisiones, periódicos o foros de Internet (sirva el de este mismo periódico como ejemplo de ello). Pero, me pregunto, ¿cómo todo el mundo parece tener tan claro qué es eso de leonesismo exactamente? Porque por lo que se ha podido ver, esta palabra no es más que un concepto vacío que hay que llenar de contenido, la propia indefinición de este término hace que coincidan en llamarse leonesistas personas del más variopinto pelaje y de la más diversa procedencia. Tomando como referencia el asunto que comencé citando, ¿es igualmente leonesismo ese cruce entre Unión del Pueblo Navarro y el GIL, que es la UPL de Rodríguez de Francisco, o la versión nacionalista más ortodoxa del Conceyu Xoven de Abel Pardo?. Eso nos hace viajar unos kilómetros y buscar analogías en otras zonas. Por ejemplo, catalanismo es el concepto que sostiene la deriva independentista de Esquerra Republicana de Catalunya, la bandera con que se arropa el nacionalismo burgués de Convergencia i Unió, o la opción territorialista del PSC-PSOE de Maragall. Qué es pues catalanismo, porque en Cataluña nadie se atreve a decir que Maragall no es catalanista y sin embargo él habla de una Cataluña integrada en España (con mayúsculas y alto y claro), de la solidaridad que debe tener Cataluña hacia otros territorios del Estado, de una Cataluña abierta hacia otras culturas y pueblos de España, del valor del castellano como patrimonio propio de los/as catalanes/as... Pero es que esto lo conjuga con la defensa de altas cotas de autogobierno para la comunidad autónoma catalana, la defensa de su lengua vernácula y su cultura, sus signos de identidad como pueblo abierto y permeable, un modelo federalista del Estado... Resumiendo, que por catalanismo, dependiendo de quién y cómo lo defienda, puedo entender muchas cosas. Pero volviendo a León, qué ocurriría si existiera una opción política que dijera que este modelo de autonomía dual y centralista no nos sirve, que hay que invertir la tendencia que ha colocado a León a la cola de España y de la Comunidad Autónoma en todos los índices, un partido que abogue por la recuperación y mantenimiento de nuestras señas de identidad y nuestra cultura en todas sus facetas, un partido que reclame un aumento progresivo del autogobierno derivado hacia nuestros ayuntamientos y diputación, con competencias arrancadas del ámbito político inmediatamente superior (de esto también tenemos que aprender de Maragall y su modelo descentralizador para Cataluña), un partido que defienda una descentralización institucional efectiva y un reequilibrio entre los dos territorios históricos que componen esta Comunidad Autónoma... un partido como el PSL-PSOE en definitiva, que reivindica todo eso en lo inmediato y de manera innegociable, en la creencia de que es un modelo que es bueno para León y también para el resto de los territorios de esta Comunidad Autónoma, un modelo de reparto y redistribución, un modelo socialista. Eso, creyendo firmemente y en paralelo en el principio de solidaridad interterritorial, en la desaparición progresiva de las fronteras de toda clase entre los pueblos y las personas, en la vertebración y desarrollo permanente de una España más justa, más plural, más equilibrada, más solidaria hacia el exterior, de una Europa más unida... y volviendo otra vez aquí, de un León más ambicioso y emprendedor, y también más abierto hacia otras culturas y otras gentes, más cosmopolita; la defensa de lo propio no debe estar reñida con la todo lo anterior. Cada cual puede pensar y definir como le dé la gana pero, pregunto, ¿es menos merecedor el renovado PSL (un vistazo a la edad media de su Comisión Ejecutiva Provincial) de llamarse leonesista a los ojos de muchos/as ciudadanos/as que la propia Unión del Puebloleonés? Porque la UPL ha estado gobernando junto con el PP durante estos años en León, La Robla, Toreno, Torre del Bierzo, pactando en La Bañeza, en Caja España... y ¿qué hemos visto los/as leoneses/as?, porque las cifras cada vez son peores ¿es eso leonesismo? Odioso concepto entonces. Del organizador de exposiciones opusdeinas, Partido Poular, ni hablamos. No se sabe si su proyecto para León pasa por derribarlo, desmontarlo o apuntillarlo (perdón, apuntalarlo), les pasa como con la Casa de la Plaza del Grano. Pero eso, como dice José María Aznar sobre la escuela de Pilotos y los problemas de León, «hoy no toca». En fin, los/as leoneses/as, dentro de la ruptura con este status quo tedioso, decadente e involucionista actual (lo de conservador es una broma chusca, ¡cómo si conservaran algo!), que deberemos hacer en las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo, está también el alejamiento de términos preestablecidos y definiciones preaprendidas. Porque, en mi opinión, del único leonesismo que ha entendido en su mayor parte la UPL, es de la ferocidad con la que se han arrojado sobre los butacones que ahora comparten con los que, según ellos mismos, son los estranguladores de León, dado que gobiernan (y desde hace ya demasiado tiempo), ¡desde el parlamento Europeo, donde tienen mayoría!, hasta el Gobierno de España, de la Comunidad Autónoma, de la Diputación, y de la mayoría de Ayuntamientos. A los/as leoneses/as nos toca reflexionar.

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