panorama
La hescuela va bien
HACE poco formé parte del jurado del Premio de Cuentos de La Rebotica. El tema era el maltrato infantil y se presentaron cuatrocientos relatos, de los cuales un centenar fueron enviados por estudiantes menores de 18 años. El equipo que hizo la primera selección sólo pudo salvar un cuento de un estudiante no universitario para que pasara a la final. Dejo a un lado los errores de construcción o la sintaxis imposible. ¿Quieren algún ejemplo de las innumerables faltas de ortografía? «Llovía y llovía, quiero decir que diluviava...», «...he llevado a mi madre ha mi cama...», «...ella de joven estubo...», «...así que mientras estaba dormiendo...». Estoy hablando de jóvenes que han escrito un cuento fuera de los deberes de clase y lo han mandado a un concurso. Un esfuerzo poco habitual y muy de agradecer. ¡Si éstos escriben así...! Le escuchaba esta semana a Angel Astorgano, secretario general de la Oficina Internacional de la Educación Católica, un mensaje a todos los educadores. En primer lugar, decía, debemos alegrarnos de ser educadores y compartir esa alegría. Además, debemos agradecernos mutuamente lo que estamos haciendo por la escuela española y, agradeciéndonoslo, tratar de aproximarnos, de acercarnos. En tercer lugar, tenemos que tener ilusión ante el futuro, convencernos de que somos capaces de hacer las cosas bien. «Seguramente es una utopía, pero son las utopías las que mueven el mundo». La realidad es otra: unos tratan de imponer su reforma a toda velocidad; los otros la rechazan sin discutirla; unos cuantos van a convertir la calle en un grito no por la calidad, sino contra una opción política y social; y la mayoría, especialmente los agentes educativos, escucha silenciosa y, posiblemente, atónita. La hescuela ba vien. Seguro.