Diario de León
Publicado por
Pedro Díaz Fernández
León

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Aalgunos les sorprendería saber que con las personas muy listas y prácticas el mundo no evoluciona. La mejor manera de explicarlo es con la metáfora del charco. Cualquiera de esos que suelen adaptarse perfectamente a lo establecido para buscarse su vida, todo charco que se encuentran en el camino lo bordean para dejar atrás a aquellos que tratan de sanear esa acumulación de agua y barro.

Ahora bien, solo la gente verdaderamente creativa, la que no evita mojarse, aporta soluciones útiles a la comunidad. No he reunido los nombres (les pido disculpas), pero estoy convencido de que no ha sido nada fácil la tarea que llevan a sus espaldas aquellos que comenzaron su andadura por un camino… olvidado. Me estoy refiriendo a la ruta jacobea, anterior al Camino Francés, que desde Bilbao se une a este en Cacabelos, y del que muy pocos hablaban antes de comenzar a ser rescatado del olvido.

Lo paradójico de esta ruta es que su principal charco (en el aspecto físico, porque también habría que promocionarlo, dotarlo de más servicios y demás menesteres) se encuentra en su paso de Congosto a Cubillos del Sil. Y digo paradójico, porque mientras que un vecino de Congosto, Álvaro de Mendaña, navegó en aquellos barcos que asemejaban cascaras de nuez por medio mundo hasta descubrir las Islas Salomón y Marquesas, sus actuales vecinos carecen de medios con los que cruzar el embalse de Bárcena. Para recuperar el verdadero trayecto del Camino Olvidado, sin rodear diez kilómetros de charco por una carretera estrecha y algo incómoda para los peregrinos, habría que cruzar por encima del viejo puente del siglo XVI, construido sobre la base de uno anterior romano que comunicaba ambos pueblos. Claro que al encontrarse debajo del agua, tampoco nos sirve. Para ir desbrozando y solicitar el auxilio de nuestros gestores públicos, trataremos de evitar el juego de la búsqueda del culpable; solo les diré que lo anegó un señor al que llamaban hombre-rana por su afición a inaugurar pantanos. Alguno propondrá dinamitar el dique para devolver al río a su estado original, pero entonces se nos inundaría Ponferrada y, para los pimientos, el agua de riego es más eficaz que pedirle lluvia a la Virgen de la Encina.

El Camino Olvidado nos necesita más que el Francés, cuya promoción ya ha llegado a cada rincón del mundo. Anímense los peregrinos a ser de los primeros, después de muchos siglos, en volver a realizar su recorrido. Quizá aún nos falten por cubrir muchos servicios y tapar muchos charcos

Con el problema planteado, fui a ese lugar de España donde uno encuentra reunidos todos los saberes y todas las soluciones. Ese lugar de abogados, psicólogos, dietistas, farmacéuticos y, sobre todo, entrenadores de fútbol. En este caso concreto, se trataba del Bar la Madrileña, en Cubillos del Sil, pero también me hubiera servido el Bar Nistal o el San Cristóbal. La terraza estaba hasta arriba, pero su propietario, A.C., se puso a platicar conmigo, todo un trabajo intelectual mientras su mujer y su hija seguían sirviendo las mesas. Entonces le comenté que, ya que el camino comienza en Bilbao, podrían darnos una solución. Como tengo allí mucha familia, llamé a mi tía Paz, mujer de muchos recursos, y me dijo que eso lo arreglaba ella mandando dos guipuzcoanos para que cargaran a hombros una de las chimeneas de Compostilla II y la colocaran de puente. La idea podría parecer buena, todo un ejemplo de reutilización, pero la más larga de las chimeneas no alcanzaba ambas orillas. Así que, pensamos en alguna otra solución creativa y de bajo presupuesto, esta vez a lo berciano, y decidimos que lo mejor era lanzar a los peregrinos en catapulta. Podría ser…, podría ser que lográsemos dispararlos tan largo que aterrizasen contra las peñas, pero ¿y si el tiro se nos quedaba corto? ¿Y si los pobres peregrinos en lugar de caer en lo seco tenían la desgracia de caer en el agua? Al final, llegamos a la conclusión de que se necesita un fuerte compromiso de las instituciones públicas para que podamos resolver este y otros charcos que se presentan a lo largo del camino. Pero no pudimos seguir debatiendo porque, en aquel mismo instante, la señora M., que necesitaba con urgencia una ayuda, miró a su marido como a José Arcadio, el de Cien años de soledad, aquel que abandonó todos sus compromisos familiares, sus negocios y la hacienda de su casa, para encerrarse en un laboratorio y salir gritando al cabo de los años: «¡Ya lo tengo: el mundo es redondo como una naranja!».

No hace mucho que leí que se va a hacer un puente colgante. La idea suena bien. Un puente que podría ser por sí mismo un reclamo turístico de primer orden. Mis dudas comenzaron cuando descubrí que se necesita buscar su financiación por importe de un millón de euros, ya que cerca del mismo lugar se encuentra la estación del Ponfeblino también esperando su dinero (o más dinero). Después de veinte años, esta sigue pareciéndose a esa otra estación con la que estafaron al señor P. Tinto. ¿Lo recuerdan? Sí, en el milagro de P. Tinto, donde un embaucador le vendió a él y a su mujer una estación abandonada como vivienda y le dijeron que el tren pasaba puntual por la vía muerta que tenía enfrente. Pues nada, que cuatro lustros después, la estación del Ponfeblino sigue en ruinas y aún no ha pasado ninguna locomotora. No como en el caso de la película donde al menos pasa un tren, un único tren que atropella a la señora de P. Tinto, mujer octogenaria, cuando, cantando, bailando y riendo, se metió en mitad de las vías arrastrada por ese sentimiento que le produjo el hecho de que acababa de…, como decía ella, ¡trilirilirili! por primera vez en su vida.

El Camino Olvidado nos necesita más que el Francés, cuya promoción ya ha llegado a cada rincón del mundo. Anímense los peregrinos a ser de los primeros, después de muchos siglos, en volver a realizar su recorrido. Quizá aún nos falten por cubrir muchos servicios y tapar muchos charcos, quizá no sea tan cómodo ni se les ofrezcan tantas facilidades, pero tengan paciencia. Hay personas mojándose para (re)hacer una ruta jacobea llena de solidaridad, la que discurre entre las cuencas mineras de Guardo, Boñar, Igüeña… que tanto han sufrido con la pérdida de población y oportunidades. Anímense los peregrinos a cruzar nuestros pueblos, bosques y montañas, y cuando lleguen al Embalse, si aún no les hemos facilitado el paso, ya sea con el puente, un barquito o lo que sea, continúen bordeándolo. En Cubillos del Sil les aguardamos con nuestra hospitalidad, nuestra comida, nuestras terrazas, nuestros alojamientos… merece la pena.

¡Buen camino!

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