Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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YO RECUERDO salas de proyección cinematográfica no comercial con público sentado en el suelo para ver un Fellini, un Passolini o un Tati. A principios de los ochenta se organizó una extensión del Festival de Valladolid en Ponferrada y el Bergidum estuvo abarrotado una semana para ver títulos desconocidos de Angelopoulos o de Herzog. No hace tanto tiempo de eso. O quizá sí. Lo cierto es que en apenas dos décadas, curiosamente las de mayor desarrollo educativo de la historia de España, el gusto artístico por lo diferente ha alcanzando las más altas cotas de la miseria en materia de cine. De otros territorios, mejor no hablar: acabaríamos tirándonos al prozac. Un ejemplo. Bowling for Columbine , la magnífica película documental de Michael Moore que disecciona con humor y precisión algunos males de la sociedad americana y que es, además de cine en estado puro, un antídoto contra las memeces tan bien envueltas con las que nos obsequia la industria hollywoodiense, tuvo en Ponferrada la ridícula cifra de 227 espectadores en tres semanas de exhibición. ¿Es que en todo el Bierzo no hay más de 227 personas curiosas y con un mínimo sentido del riesgo? Algo ha pasado en estos años. Es un hecho que la programación de cine en televisión condena a las obras de mayor calidad a los rincones más ásperos de la parrilla y cualquier obra maestra, si está rodada en blanco y negro, es expresamente expulsada del prime time. También lo es que ha sido relegada la programación alternativa y que los magníficos ciclos de El Albéitar en la capital o los de la Obra Cultural y la videoteca del Campus de Ponferrada son mayoritariamente ignorados por el público universitario al que principalmente van dirigidos. Pero nunca antes la minoría había sido tan inmensa.

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