Diario de León

Tu historial lo llevo a gala, Antonio

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Querido Antonio Gala, debe ser cierto que a los genios se os ve desde pequeños. Escuché alguna vez que con cinco años leíste La Ilíada . Pues no te digo más. Ya venías marcando estilo desde pequeño. Y también los genios, la gente ilustre, tenéis especial facilidad para hablar y escribir con enorme atractivo. En tu caso se confirman, de nuevo, esas cualidades que, al final, cuando se tiene que evaluar algo con seriedad y con justicia, siempre se está en primera línea.

Es además impresionante lo que has hecho como poeta, como escritor, como conferenciarte, como dramaturgo. Impresionante quiere decir «el no va más», el que más ha conseguido el que da siempre en la diana, en fin, tú.

Has sido admirado, envidiado y respetado con unos niveles de aceptación de todo lo que hacías, que han batido todo tipo de retos. Y el tiempo ha pasado tan rápido que ya hace unos días que nos has dejado. Te has ido como se van los grandes, en silencio y dejando una estela de admiración hacia ti por todo tipo de personas. Daba y da lo mismo el género, el color político, el lugar de nacimiento o la formación del que se acercaba a ti. Todo el mundo celebraba conocerte y se enamoraba de inmediato de tus creaciones y de cómo las decías o escribías.

Se suele decir, y se suele aceptar que lo que distingue fundamentalmente a un hombre de otro no es lo que hace sino cómo hace lo que hace. Ahí está la diferencia. Yo creo en eso y creo que tu cumplías con esa virtud, el cómo hacías lo que hacías era definitorio en lo que salía de tu talento. Eso está solo en poder de los elegidos, de los grandes y tú, ya lo creo que lo eras. Siempre lo serás.

Antonio, puede parecer un tópico, pero te aseguro que no lo es. Dejas un vacío muy grande que solo podrá llenarse volviendo a releerte y a volver a escuchar tus palabras tan medidas siempre de tus charlas y conferencias. Es lo que nos queda de ti y lo que disfrutaremos de ahora en adelante.

Desconozco la razón y me extraña el por qué nunca perteneciste a la Real Academia. Qué injustos somos a veces. Qué se exigía desde la ilustre Real Academia para formar parte de ella. ¿Historial y calidad literaria? ¿No aceptaban que en eso eras multimillonario? Ah, la maldita envidia española. Eso es otra cosa.

Van pasando los siglos y contra eso no hay forma de luchar. Al menos hasta ahora.

No eres el único caso, así somos de chulos en España. Tampoco Umbral fue admitido en la RAE. Siempre se estrellan con los mejores y, después, esconden la mano. Disfrutan con ello.

Tres carreras universitarias formaban tu patrimonio intelectual, pero eran solo eso tres carreras. Lo verdaderamente importante era tu pasión por hacer las cosas bien, tu ilusión por utilizar caminos distintos de llegar a los corazones de todo tipo de gente.

Tu capacidad de trabajo y tu enorme creatividad. Te preocupaba la creatividad y creaste una fundación para valores juveniles que era tu orgullo y la tratabas como a tu hijo favorito.

Dominabas, ya lo creo, la forma de decir las cosas, tanto que una de tus frases célebres podía levantar ampollas, pero era tan cierta en la época que causó admiración. Fue pronunciada en la primera época socialista de nuestro país, allá por los años 80 o quizá 90, qué más da. El mérito es que fue creada y fue comunicada.

Así rezaba; «qué se puede esperar de un país que la mujer más guapa es un hombre, el matrimonio que mejor se lleva es homosexual, la portavoz del Gobierno es tartamuda y el presidente de un canal de tv es ciego».

Como diría Federico Trillo, ¡manda huevos!

Descansa en paz, Antonio Gala.

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