Leonesismo 3.0
Durante años, el leonesismo leonés (sin valer la redundancia) ha estado dando tumbos entre un carlismo recalcitrante de pendones y romerías hasta la lógica pragmática de la política de despacho pasando por la calle (reivindicar algo en la calle es tarea marciana en estos lares).
El leonesismo, por una parte, adolece de tres patas comunes a cualquier movimiento ideológico que pretende cristalizar como partido (¿partidos?) político. No tiene ideología (ya saben aquello de que “nuestra ideología es León”), no tiene liderazgo (miren quienes encabezan las listas principales) y no tiene territorio asignado (fuera de dos tercios de la provincia de León es prácticamente inexistente). Esa es su (nuestra) cruda realidad.
Por otra, el leonesismo ha vivido, como todo movimiento político–social, épocas convulsas y épocas de bonanza. Ahora estamos en ésta última época, pero mucho me temo que con los bandazos de la actual UPL podría terminar en un oasis rodeado de secarrales inermes.
Hubo un leonesismo instintivo, liderado por Pelines (José María Rodríguez de Francisco) con un territorio muy definido, los escasos metros entre la sede de lo que fue Caja España (antes Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León) y el despacho del carismático líder leonesista en Ordoño II (y la sede del partido como prolongación de éste). Recuerden que la concejalía era “Parques y… ¡Pelines!”. Pues eso.
Después vinieron épocas oscuras y pactos incumplidos donde los único cierto fueron privatizaciones y subidas de impuestos y tasazos inasumibles por gran parte de la población legionense gracias a los diferentes cheques en blanco que los Chamorristas dieron al PSOE en la capital a cambio de declaraciones extemporáneas y cuantiosas regalías. Eso sí, el odio, muy cazurro y culturalista, seguía centrado en Pucela. Poco más que decir.
Finalmente, con un trabajo encomiable en Valladolid y tras la aprobación de mociones pro autonomía, el leonesismo parece resurgir de sus cenizas… salvo el fracaso en las elecciones nacionales, que nadie ha querido asumir. No hay que olvidar que el resurgimiento del leonesismo va de la mano de las manifestaciones leonesistas convocadas desde hace casi dos décadas por colectivos sociales a los que la UPL desprecia o ha despreciado en sucesivas ocasiones (al principio de resucitar convocatorias, no acudía ningún líder leonesista, salvo a “título personal”).
Y en estas, viene esta semana, que un PP dividido en Diputación y Ayuntamiento, propugna un “gran tema” (ironía) de actualidad para los leoneses: la Amnistía. Y la UPL en Diputación, poniéndose más expañolista que Vox. Total, crucificándose en la X (Cruz de San Andrés).
La UPL, bien o mal que les pese, es un movimiento regionalista/nacionalista con sensibilidades más cercanas a partidos políticos que promueven la autodeterminación (algo así queremos en León una amplia mayoría, guste o no). Su razón de ser es la de otorgar un marco de autogobierno a León (por ahora la Provincia de León, sin renunciar en un futuro a otros territorios que formaron parte del antiguo y extinto Reino de León). Por eso, esa furia voxera en Diputación no se entiende sin antes haber pactado un marco de autogobierno. El prometer y obcecarse en cuestiones como la Autonomía Leonesa, no es más que una zanahoria para un montón de burros. Quizás haya llegado la hora de articular a la sociedad leonesa con un proyecto creíble de marco de autogobierno, la Diputación Regional Leonesa que abarcara, mediante reconocimiento institucional en Cortes, en Madrid y Valladolid, la actual Provincia de León, dentro de la actual (y por ahora inamovible) Comunidad de Castilla y León. La UPL tiene que marcar una política territorial creíble y que aúne sentimientos de todos los leoneses. De lo contrario las mociones pro autonomía (y van…) no serán más que papel mojado; o lo que es peor papel higiénico usado por los de siempre (empezando por ellos). Por ello, desde aquí reclamo un giro ideológico y territorial a la UPL. Y nada de extremarse con aquellos que siguen negando el futuro a esta tierra (a diestra y siniestra).
Algunos no entendemos como la UPL ha volado los puentes con partidos como el PNV, con el que podía haber sellado un pacto de gobierno para defender los intereses de León en Madrid y que la UPL defendiera los intereses del Condado de Treviño en Valladolid (intereses que van por la integración en Álava). Otros han usado y siguen usando a El Bierzo (y el gallego) como ariete contra León y no les tiembla la mano. Lo mismo se podría decir de relaciones con partidos que comparten visiones similares de logros de mayores cotas de autogobierno. A izquierda y derecha. Señores de la UPL, parafraseando a Arias Navarro, Carnicerito de Málaga, “Compromís ha muerto”. Están partidos como Coalición Canaria y otros con los que se podrían acercar objetivos. Si alguien dice que es mejor estar unido, que se lo digan a los navarros para formar esa Castilla y León del Cantábrico: la Euskal Herria bisoñada. La misma derecha que defiende el estar unidos aquí, defiende el estar separados allí. Incomprensible.
Finalizo con una llamada a la izquierda (de la cual, adelanto, no soy fan). ¿Por qué en Cataluña, País Vasco, Canarias, Andalucía, Valencia, Baleares, Asturias, Galicia… hay derecho a la autodeterminación o amnistía y en León, no? Ya vimos el desprecio de la candidata foránea de Sumar en las pasadas elecciones a mover el marco territorial leonés.
La UPL comenzó un desierto por privatizar el agua. Ahora parece que el alcaldín quiere subir la tasa del agua (un agua muy “leonesa”). Que recuerde la UPL que siempre se verá con el agua al cuello.
De la Mesa por León ni hablo (nació como mesa de autopsias viendo que la mayoría eran matarifes). Seis temas. Sólo seis temas, como un buen cartel de toros: liberar peajes Astorga–León y Asturias–León; integrar Feve para Montaña Oriental y León y el Ponfeblino para hacer lo propio (nada de turismo de reservas de apaches) para vertebrar Bierzo y Laciana (Ribas de Sil y Babia, también se verían beneficiados); un marco territorial leonés ya expuesto; AVE por Ponferrada hacia Galicia Norte y Autovías León–Valladolid y Ponferrada-Orense y Torneros ¿Qué ha habido de esto en los pactos? Nada. Seguimos con las farfullas de no sé qué temas en Diputación que nunca llegarán a nadie. Y en Ayuntamiento(s), tampoco.
¿Para cuándo una calle para el insigne y visionario leonesista, Javier Aguayo? La UPL sigue despreciando a los suyos. De Reyes y Fueros no se come. Del llïonés, tampoco. Y mira que se han obcecado en un carlismo espurio con la llïngua que nun fala naide. Y lo bien que nos vendría que Asturias lo hiciera cooficial para recibir alumnos y alumnas (sobre todo alumnes) exiliados.