Diario de León

Máximo Soto Calvo

El Museo Diocesano… y la pose oronda sonriente

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De salida, y no es por «salvar al soldado Rayan», perdonando la distancia comparativa, debo dejar señalado que quienes sonríen son los jefes de los «párrocos», esto es, las figuras eclesiales del momento operante en Legio, nadie se ofenda, por favor, y más aún cuando sitúe fuera de la apreciación a Máximo Rascón, que ni va de orondo, ni de sonriente fotográfico, y si acaso esboza alguna sonrisa es de aquiescente complacencia momentánea hacia el interlocutor. Es mi percepción y siempre en la distancia.

Tengo en la memoria recogida, y en mis documentos de archivo, una fotografía de prensa en la que vemos al señor obispo de entonces (D. Julián) y «su mano derecha para obras», con amplia sonrisa éste, así como también el que fuera alcalde de Legio, Silván, que no la apeaba, junto a los más «semisecos» gestos, de pose y prensa, de Quiñones, el consejero autonómico, y el obispo. Era una instantánea a cuatro manos. ¡Ausentes lo representantes papones!, creí notar entonces que la parte eclesial marcaba dominio a partir del acuerdo.

Mi preocupación desde los orígenes gestacionales, se han venido confirmando paso a paso, las penitenciales empezaron a ser «convidados de piedra», y al Museo, idealizado para la Semana Santa procesional, e histórica, con sus tallas, para exponer, admirar y comprender, se le empezó a denominar Diocesano y…, claro, ahí estaba el quid, si ponían el edificio del Seminario, el continente, lo siguiente sería la apropiación de idea y caudales para la ejecución de la obra «que ellos estimaran oportuna», adquiriendo de paso (no para «los pasos») dominio pleno: lo mío, mío, y lo que venga «bien venido sea», para la causa.

En el añadido: Diocesano, va encerrada una nueva intencionalidad, un privilegio preferencial de los dueños del edificio, dirigiendo las obras de restauración hacia «su patrimonio» para valores artísticos parroquiales y eclesiales, ¡y qué venga el dinero oficial!...

Eso en cuanto a patrimonio. Pero había aún más, el subsuelo del Seminario iba a ser fuente de hallazgos arqueológicos, en vista de lo cual ponía en consideración del lector , y entre ellos podía estar quien repasa la prensa para el obispado, un artículo de opinión en este medio. «La doble transparencia de un Museo». Cuyo enlace ofrezco al lector. https://www.diariodeleon.es/opinion/tribunas/170513/407966/doble-transparencia-museo.html

En él termino diciendo: «Otra superficie de cristal, la del suelo del patio, total o parcial para poner en valor los restos romanos, nuestros orígenes como ciudad, no se ha de quedar en utopía. Para todo el proceso de restauración y acondicionamiento es bueno pedir también ‘un bolso de cristal’, entiéndase bien, no por distracción de caudales, sino por la aplicación para lo que se pidieron.»

Sí, había reticencias en las cofradías para poner su patrimonio artístico, tronos e imágenes, «pasos» para los leoneses, en lo que fue Seminario al tener dueño, y no proponer éste, al menos, una especie de usufructo cofrade. Y, por otra parte, culminar la obra a conveniencia de los dueños del inmueble.

Mas, ya realizada, surge un gran obstáculo: el patio porticado, de simple belleza arquitectónica, transformado en gran solario, es un achicharradero, dada la mal concebida y ampulosa cúpula de cristal, que resulta inviable para la buena muestra y conservación de lo museísticamente expuesto. Lo que viene a ser otro tropiezo más, por un supuesto ninguneo diseñador y decisivo, cual es la falta de atemperamiento óptimo, para el valioso patrimonio cofrade del que son celosas guardianes las penitenciales.

¿Acaso ha sido esto lo que ha terminado con las ilusiones de las cofradías, que ya estaban reticentes ante el rumbo dominante del obispado sobre lo museístico, continente y contenido? Yo opino que sí.

El presidente del Patronato de la Fundación gestora y vicario de la Diócesis, Luis García, de mediana sonrisa, pero de diversificada presencia, admitió que ya no se reservará para eventos, «comidas y cenas», esto es, nada para lo que diste de la finalidad primera: Museo de la Semana Santa Leonesa; y me permito señalar que se debe añadir: devenido en lo que los dirigentes diocesanos legionenses han decidido.

Ya tienen precio para las entradas, seis euros, para contemplar el montaje de lo que han estimado oportuno y llamarán Museo Diocesano y de Semana Santa. No sé si en algún momento, bien pensado y mejor reacondicionado, podrá alcanzar las característica necesarias para acoger la muestra permanente de los mejores valores imagineros y cofrades de la Semana Santa Leonesa. Tal cosa requeriría la justa atención (participativa) de lo que los papones leoneses querían musealizar.

Ya establecido el dominio, veo de gran dificultad que entren en recesión y cedan en el pleno patrimonial, esto es: ¡¡¡Compartan!!!

El que va delante «es el primero» y además manda.

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