SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS
El relato
El relato es tan necesario como el aire que respiramos

Relato es una palabra que está de moda. De tanto usarla se está adulterando su significado e importancia. Más que el relato, que es la consecuencia o resultado de una acción inteligente y conceptual, es importante la propia acción. Relatos hay muchos, pero la capacidad de construirlos es una nota diferenciadora de personas inteligentes.
Es curioso el hecho de que periódicamente se pongan de moda determinadas palabras que con el paso del tiempo vuelven al diccionario para sestear por tiempo indefinido.
Se dice que tal persona o partido político tiene un relato concreto. Afirmación que se hace de manera impropia porque se está incorporando al término no solo lo que dice o escribe esa persona, y ya no digamos un partido que como ente jurídico no escribe ni piensa.
Se está identificando la obra con el creador, se dota de personalidad al relato, cosa impropia y carente de sentido. Pero, estamos ante una más de las consecuencias de la liquidación de normas y moldes que tanto nos disgustan en nuestra sociedad irreverente con el purismo y lo incontaminado.
El relato es consecuencia de millones de años de evolución del ser humano. Algún investigador recientemente ha afirmado que en el momento en el que el ser humano tuvo capacidad para construir relatos, escritos o hablados, se adueñó definitivamente del mundo.
La acción de construir un relato implica inteligencia y una visión pluridimensional en el mejor de los casos. Solo una mente estructurada puede construir relatos estructurados y congruentes. Esto, que sirve para poner en valor las altas capacidades de los individuos, se convierte en una amenaza desde el momento en que el relato es contradictorio y deshilvanado.
Claro está que actualmente es difícil encontrar un relato serio, compacto, sin fisuras, al menos con intención de serlo. La precisión del ensayo, o la sana imaginación de las obras literarias, se han sustituido por la demagogia y anfibología, en resumen, un relato sirve para una cosa y para la contraria.
Pero, no debemos llevarnos a engaño. No es que el ser humano haya perdido capacidades, simplemente hemos optado por un estilo diferente para construir nuestros relatos.
La ambigüedad que pretendemos oficializar como ontológica en todos los ámbitos de nuestra vida, desde el biológico al intelectual, se traslada inevitablemente a nuestros relatos.
Hay personas que son incapaces de construir un relato, simplemente de contar una historia.
Esta dificultad derivada en muchas ocasiones de una falta de madurez intelectual, también tiene su origen en la falta de estímulos a lo largo de nuestra vida, fundamentalmente en la infancia y adolescencia.
Todos tenemos algo que contar, seguramente nuestras experiencias nos permiten elaborar relatos que al menos para nosotros serían los más importantes, pero casi nadie crea relatos, preferimos escuchar o leer los de los demás.
Si aceptamos como proposición válida que el relato ha permitido al ser humano dominar el mundo, debemos concluir que la mayoría de nosotros nos estamos convirtiendo en seres adocenados.
Es bueno que construyamos nuestros propios relatos, para nosotros y para la sociedad. Es muy gratificante escuchar o leer una mente ágil relatando, creando nuevos mundos y realidades.
Un relato es la plasmación práctica del mundo de las ideas y estas son el motor de la humanidad, al menos hasta no hace mucho.