TRIBUNA

FRANCISCO J. LÓPEZ RODRÍGUEZ

Al Capone cabalga hacia Madrid

La sociedad política está plagada de personajes a los que les podemos poner el nombre de: defraudadores, contrabandistas y ladrones que roban a los ciudadanos

profesor jubilado de fp

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En el rascacielos Willis Tower que da a la bahía de Chicago, en la última planta, se encuentra una serie fotográfica-museo de las andanzas de Al Capone. Tuve la oportunidad de visitarlo. Ir a Chicago es pisar la tierra de uno de los mayores gánsteres que paseó por la ciudad del lago Michigan. Visitar Chicago y no ir a ver el museo del gansterismo es algo así como ir a París y no ver la Torre Eiffel.

Sí, Al Capone fue un gánster que revolucionó la vida en Chicago y traía de cabeza a la policía. Fue un delincuente. Fue el rey del hampa —estaba muy protegido por sus guardianes—. Desenfundar las pistolas era muy fácil para proteger al líder. Durante la Ley Seca, Al Capone se dedicó al contrabando de bebidas, wiski. Se deshizo de sus rivales. Tuvo en nómina al alcalde, al jefe de la policía y al sesenta por ciento de sus efectivos. Al Capone amasó una gran fortuna. Ninguna de sus propiedades estaba a su nombre, por lo que no hizo declaración de la renta. Eso precipitaría su caída. Fue perseguido durante muchos años. Su detención no fue por sus crímines, ni por apoyar la violencia. Fue detenido por evadir impuestos.Sus respuestas favoritas a las preguntas sobre sus actividades fueron: soy solo un hombre de negocios, dando a la gente lo que quiere y todo lo que hago es satisfacer una demanda pública. Al Capone se había convertido en una celebridad nacional.Al Capone tuvo sus adeptos, sus protectores, sus admiradores. Se le consideró en ciertos círculos como un hombre espléndido, dadivoso, ayudando a los necesitados. Es decir, para algunos, fue un ídolo admirado e, inclusive, imitado a lo largo del gansterismo que inundó la sociedad americana durante y después de morir, Scarface, o cara cortada, como se conocía a Al Capone por una señal que llevaba en su rostro, fruto de un navajazo.También tuve la oportunidad de visitar Nueva York y acércame al Bronx, barrio prohibido en algún tiempo. Entrar en el Bronx era entrar en el territorio del crimen, de bandas rivales. Era la jungla de los pandilleros, asesinos, comandados por jefes que organizaban a la guerrilla. Bandas rivales, enfrentadas por dominar el territorio, la droga, el robo, el crimen organizado. Me llamó, de una manera especial, la adoración y el culto que se rendía a los «héroes caídos». En las aceras, en cualquier pared aparecía la figura del líder. Era homenajeado por sus incondicionales con inscripciones tales como: ‘Aquí yace nuestro héroe que cayó por defender nuestra libertad y nuestra dignidad’.Siempre hemos pensado que los homenajes se hacían a los héroes. Las calles de dedicaban a los benefactores, a grandes personajes, pero no entendemos que una calle o cualquier acera o paramento se dedicara a criminales a narcotraficantes, a bandoleros, a atracadores, a estafadores. Es la triste realidad. Lo mismo se adora o se rinde culto a un héroe o un santo que a un criminal. Todos son objeto de adoración. Es la sociedad de la mierda y la mentira.Y ¿por qué saco a relucir el crimen, el robo, a los contrabandistas, a los asesinos, a los gánsteres? Porque esta sociedad está quebrada. Es la triste realidad de la vida. Es una sociedad trastornada, demente, enferma y esquizofrénica. Me refiero a la sociedad política. Está plagada de personajes que si no les llamamos alcapones ni pandilleros les podemos poner el nombre de: contrabandistas, defraudadores y ladrones que roban a los ciudadanos. Como hay tanto robo que se dedica a satisfacer los placeres de unos cuantos: viajes, prostíbulos, juergas, grandes mansiones, es necesario subir los impuestos para pagar tanta ignominia, corrupción y gansterismo.En España, en los últimos tiempos, estamos asistiendo a un cúmulo de hechos, de comentarios, de atracos al Estado, a las instituciones. Da la sensación de que nos acercamos a esa sociedad americana. El Chicago y el Bronx se ha trasladado a la villa de Madrid. Como dice la Constitución es la capital del Estado. Pero puede ser que la tengamos que cambiar de nombre y decir que es la capital del Hampa.Yo no pretendo en mi escrito, ni es mi intención, acusar a nadie. No soy juez. Solo soy un espectador que ve muchas películas todos los días. Me limito a describir o comentar lo que está ocurriendo en España. Lo que está publicándose en los medios de comunicación. Estoy viendo a muchos alcapones en la política. Estamos encubriendo a personajes. Estamos protegiendo a defraudadores del Estado. Estamos protegiendo a ladrones a contrabandistas. Estamos protegiendo el hampa. Se está legitimando el gansterismo ya que ha recibido el poder del pueblo. Hay gobiernos que están protegidos por, hampones, gánsteres y pandilleros que reciben cuantiosas prebendas por sus servicios de protección, cuyos pandilleros están en el norte y en el noreste de lo que quede de esta tierra que no la va a conocer ni la madre que la parió.Los alcapones están en Madrid, robando. Al Capone era el jefe en Chicago de todos los burdeles, del hampa, de la calle, tenía a su servicio a la policía. Aquí, en España, hay hampones por Canarias, por Cádiz, por la plaza de España. Parece ser que están protegidos por exministros, por matones y por contrabandistas y por los que habitan el distrito de Fuencarral-El Pardo y Moncloa-Aravaca, donde parece ser que vive el jefe.Al Capone decía: me han echado la culpa de todas las muertes, con la excepción de los de la lista de bajas de la Guerra Mundial, pero no han podido probarme ninguna, repetía, en tono provocador, no exento de jovialidad, el hombre de los trajes elegantes y un sempiterno habano en la boca.Al Capone fue detenido por evasión de impuestos. Fue llevado a la prisión de Alcatraz y allí pago sus culpas. Arruinado, físicamente débil y con la mente deteriorada, fue excarcelado y se retiró a su propiedad ubicada en Palm Island, en Miami Beach. Falleció de un paro cardiaco. En su lápida está escrito: Jesús mío, ten compasión.Yo no sé qué sociedad tenemos en España. No sé qué política se está haciendo. Lo único que sé que cuando los españoles votamos, estamos votando a personas que se comportan como gánsteres, como alcapones. Estamos entrenando a pandilleros para que protejan a los lideres de la corrupción del contrabando y del gansterismo. Da la sensación de que aquel Al Capone de los años veinte de Chicago y a los pandilleros del Bronx los estamos resucitando. Esperemos, como se narra en la película de Eliot Ness, los Intocables, caigan los gánsteres. Yo no deseo a nadie que pase sus últimos días en una temible prisión como era Alcatraz. Pero, sí desearía que huyan de esta sociedad que están pisoteando, maltratando, robando, defraudando. Sí me gustaría que los españoles despertemos de la borrachera. Sí me gustaría que la Democracia fuera el sentir de un mundo mejor. Me gustaría que el ciudadano cuando vote piense y no introduzca un voto en una urna sabiendo que está votando a gánsteres, a pandilleros, a contrabandistas y a hampones. Porque, si lo sabe a ciencia cierta, entonces hay que decir que el gansterismo está en la sociedad y esta sociedad ampara el hampa. Como español solo deseo que la Justicia caiga sobre los alcapones para que no haya gánsteres y a los pandilleros no se les pague nunca más por proteger a tanto delincuente. Tengo poca fe. Al Capone cabalga, de nuevo, y su teatro de operaciones está en la Villa de Madrid. ¿Quién o quiénes lo detendrán? ¿Quién será el Eliot Ness español si, como ocurriera en Chicago, el Jefe de la Policía es su protector? El único jefe que lo detendrá, juzgará y condenará será el pueblo español que es el auténtico Eliot Ness.