TRIBUNA

Luis Miguel De Luis Arribas

Médico De Familia Y Psicoterapeuta

«Del uno al otro Confín»

No fue el confinamiento quien paró la sangría, fue la Palabra de Apoyo y Esperanza, que siempre nos acompañó (y el valor de quienes dejaron lo mejor de sí, aun perdiendo la vida, como prometimos hacer a la gente)

Creado:

Actualizado:

No habíamos sufrido las guerras de la Patria fratricida ni los holocaustos de los cuarenta; la mayoría nos conocimos en las facultades de Medicina del cambio de época, del advenimiento cívico y glorioso, de una paz conquistada, cuando dejamos de asaltarnos y destruirnos con los fusiles, hoces o martillos, en las manos de saludar y trabajar.

Cierto que el mundo no paró de asesinarse a cada rato, y la seguridad o comodidad en el vivir siempre fue frágil como los cristales de la ilusión o la fe en lo imposible. Hace cinco años, casi enfilando mi último tramo laboral, una «peste» de virus medievales —a juzgar por la sorprendente derrota que nos infligió— nos retó a ir al frente, a su encuentro, o quedarnos en el refugio cobarde de la senectud anticipada. La actitud bélica, no es algo buscado por el aventurero fatuo que nos habitó en la infancia gris; es bien sabido que médicos, enfermeras, personal auxiliar, hemos de uniformar nuestra mente y las acciones, cuando el enemigo causa bajas, y emplear lo mejores métodos para eliminarlo cuanto antes. Nada de ello teníamos en marzo de 2020, y nos abrumaba la impotencia personal, política, colectiva que se imponía a cada instante. Por fortuna, la disciplina y lealtad a nuestra praxis médica, de Amor a la Salud de nuestras gentes, nos permitieron mantener un mínimo de firmeza, ante la vergonzante politiquería, corrupta, que nos ignoraba y recomendaba abandonar a su suerte a los más débiles, a la inacción y deriva pusilánime (qué sobrevivan los fuertes, ya pasará la tormenta). No me vanaglorio de nada personal, subrayo con leve humor, cómo nos fuimos organizando, sin más miedo de lo recomendable, y la

Canción del Pirata de nuestro gran romántico Espronceda, o el horizonte magistral de Serrat y su lírica de vida, se asentó en las mentes y corazones, que todavía teníamos disponibles tras jornadas sin límite, de pensar, actuar, atender ancianos moribundos, y multiplicar los escasos medios que durante semanas, meses, no pasaban de ser mero alivio y paliación. Pues no sobra la celebración de la supervivencia, más lúcida cuanto menos nos recuerde la cobardía cínica de los dirigentes sin escrúpulos, pero mi propia canción de Confín, de Confinamiento, solo tiene la meta de reflexión y ceremonia de luto, nunca suficientes ante los millares de vidas perdidas. Mi confesión laica, mi convicción de la perenne enjundia de Mente/Cuerpo, como problema y solución, no deja de sentir la oquedad de los saberes nuevos, de la aparente victoria digital ante los enemigos biológicos ¡tan extraños! cual fue el tal Coronavirus incomprensible...porque la tranquilidad es y temo será siempre provisional, ya lo dicen los augurios verdaderamente científicos... ¡Cantemos a la mañana en nuestras bellas lenguas hispanas! Mi mejor recuerdo, y abrazo, para todos/as compañeros/as, que cada día nos citábamos para acudir allá donde el pánico quería imponer su ley de muerte y silencio. No fue el confinamiento quien paró la sangría, fue la Palabra de Apoyo y Esperanza, que siempre nos acompañó (y el valor de quienes dejaron lo mejor de sí, aun perdiendo la vida, como habíamos prometido hacer a nuestra comunidad, a nuestra gente, cuando nos invistió con el honor de la Graduación).