Diario de León

Teresa Fernández

Secretaria De Mujer, Derechos E Igualdad De Upl Y Concejala De Upl En El Ayuntamiento De León

La igualdad en cifras

El feminismo no es una lucha contra los hombres, sino una apuesta por la igualdad para conseguir sociedades más justas y felices para todos los que las integran

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Recientemente se publicó la primera entrega de este análisis sobre la situación de la igualdad en España, con datos oficiales del Ministerio de Igualdad. En ella se abordaron los datos de empleo, paro, salarios, pensiones, cuidados y poder en los ámbitos político, judicial y económico. En esta segunda parte del análisis se profundiza en otros aspectos que muestran hasta qué punto persisten las brechas de género en nuestro país.

Adicciones: Los datos sobre consumo de drogas dibujan un patrón nítido: los hombres consumen más que las mujeres en casi todas las sustancias, salvo en dos. Ellas lideran el uso de hipnosedantes —con o sin receta— con una diferencia de 5,4 puntos porcentuales, y también el de opioides (1,9 puntos más). Detrás de estas cifras se oculta una realidad incómoda: la salud mental y el dolor crónico golpean con más fuerza a las mujeres, mientras que en drogas sociales —alcohol, tabaco, cannabis o éxtasis— son minoría. Salud mental: El vínculo entre género y salud mental es innegable. El 70,2% de los diagnósticos de depresión corresponden a mujeres, al igual que el 70,8% de los casos de ansiedad crónica. En depresiones graves, la brecha se ensancha: 179.200 mujeres frente a 51.100 hombres (28,51% vs 71,50%). Una desigualdad que pone sobre la mesa el impacto de las cargas emocionales, sociales y de cuidados que recaen mayoritariamente sobre ellas. Deportes y cultura: El deporte continúa siendo un terreno masculinizado. De las 55 disciplinas federadas, las mujeres superan el 50% de participación solo en seis, entre ellas gimnasia, patinaje o voleibol. En el deporte de alto nivel, la presencia femenina se queda en el 39,8%, y apenas un 31,5% de las personas que entrenan son mujeres. La fotografía cambia al observar los hábitos culturales. Ellas participan más en escritura, teatro, danza, pintura o ballet, mientras que ellos destacan en actividades vinculadas al vídeo o la música instrumental. Este cambio de tendencia se refleja en los Premios Nacionales de Cultura, donde en 2024 las mujeres recibieron el 60% de los galardones. Educación: La formación sigue marcada por una clara segregación de género. En FP de Grado Medio, las alumnas representan el 45,8% y en Grado Superior, el 49,4%. Sin embargo, la elección de ramas reproduce estereotipos tradicionales: mientras que los hombres dominan ciclos como Fabricación Mecánica (96,3%) o Transporte y Mantenimiento (96,2%), ellas copan Imagen Personal (87,6%), Textil y Confección (77,8%) y Sanidad (76,9%). En la universidad, el 57% de las matrículas corresponden a mujeres, que se concentran en Ciencias de la Salud (siete de cada diez), mientras que Ingeniería y Arquitectura siguen siendo territorio masculino (siete de cada diez hombres). El profesorado refleja una pirámide invertida: en Infantil las docentes son casi la totalidad (97,4%), pero la proporción disminuye con la edad del alumnado hasta alcanzar el 44,2% en la Universidad, donde menos de una de cada cuatro rectorías está ocupada por mujeres. La infrarrepresentación también se observa en las Reales Academias: solo en la española se alcanza un 25,6% de académicas numerarias, mientras que en Medicina, pese a la feminización de la profesión, no llegan al 10%. Pobreza: La pobreza tiene rostro de mujer. Ellas sufren en mayor medida privaciones como no poder ir de vacaciones, mantener la vivienda a temperatura adecuada o afrontar imprevistos económicos. Sin embargo, presentan menos retrasos en el pago de alquileres o recibos, lo que sugiere prioridades distintas y, probablemente, una gestión más restrictiva de los recursos. Violencia machista: El capítulo más duro sigue siendo el de la violencia de género. En 2024 fueron asesinadas 48 mujeres a manos de sus parejas o exparejas, lo que eleva a 1.327 las víctimas desde que se contabilizan oficialmente (2003), dato que, con probabilidad, será mayor a fecha de publicación de este artículo. Solo una de cada tres había denunciado previamente y apenas un 12,5% contaba con medidas de protección. La mayoría de los asesinatos se produjeron en el marco de la pareja (60,4%), aunque casi un 40% fueron cometidos por exparejas en fase de ruptura. El perfil mayoritario de las víctimas se concentra entre los 31 y 70 años (79,2%). La mitad eran españolas y la otra mitad extranjeras, lo que refleja la universalidad de la violencia machista. A partir de 2022, el Estado comenzó también a contabilizar otros feminicidios fuera del ámbito de la pareja, aunque aún con series temporales cortas. Balance: Los datos hablan por sí solos: la igualdad avanza, pero despacio. Las brechas atraviesan la salud, la educación, el deporte, la pobreza y la violencia. Frente a quienes sostienen que «el feminismo ha ido demasiado lejos», las cifras muestran lo contrario: queda un largo camino por recorrer. Hay una tendencia creciente en la extrema derecha de tergiversar el feminismo (incluyendo a mujeres que, muchas veces, desconocen la realidad de las cifras). Argumentan que las mujeres pretendemos ponernos por encima de los hombres e inciden en minusvalorarnos como personas. Sus discursos pretenden que volvamos a estar al servicio del hombre sumisamente, intentando hacernos creer que esa es la «posición natural» de la mujer. Posición que deciden ellos, lógicamente. Después de todo, el que ostenta una posición social de privilegio, no quiere perderla. Nada como la realidad de los datos para contra argumentar esas teorías y para que toda la sociedad sea consciente de la situación real de la mitad de la población, la femenina, en un mundo lleno de desequilibrios que debemos erradicar. El feminismo no es una lucha contra los hombres, sino una apuesta por la igualdad para conseguir sociedades más justas y felices para todos los que las integran. La estadística lo confirma: en casi todos los ámbitos de la vida, las mujeres siguen lejos de ocupar el lugar que corresponde en una democracia plena.

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