Diario de León

Manuel Garrido

Escritor

Inusitado vuelo de un pelícano

También Jesús alimenta a sus fieles con su sangre. Desde entonces la figura aparece en sagrarios, cálices y otros objetos

Creado:

Actualizado:

No parece siquiera imaginable un vuelo de pelícano sobre territorio cabreirés. El hecho cierto es sin embargo que pájaro tan exótico por estos lares hizo ese vuelo un día para venir a posarse aquí. Y fue en Odollo, uno de los pueblos del municipio de Castrillo de Cabrera, mediando su curso el río Cabrera por el valle que lo acuna y conduce en la comarca homónima. Pero es preciso dar previamente un rodeo antes de rendir nuestro propio vuelo especulativo en el punto en que el pájaro, rindiendo el suyo, se posó.

En 1602 el papa Clemente VIII emitió una bula concediendo gracias e indulgencias al concejo de Odollo, representado por la cofradía del Santísimo Sacramento, de la que todos los hombres entraban a formar parte al tomar estado, vale decir, al casarse. Es curioso que ese mismo año 1602 el marqués de Villafranca, titular del Señorío de Cabrera y Ribera, promulgó unas Ordenanzas, que propugnaban «el buen gobierno y el bien común de toda la dicha república». Comienza entonces un periodo de bonanza económica en el señorío, con su reflejo en las obras de renovación y ampliación de las iglesias, dotadas asimismo de imágenes, retablos y otros objetos del culto de gran valor artístico. Se fundan cofradías o cobran nuevo vigor las ya existentes, como esta de Odollo, la más antigua de las documentadas (y que, por cierto, aún conserva una vara de seise). El espíritu religioso que las animaba venía a reforzar ese otro espíritu, que podríamos llamar cívico, presente en la institución secular del concejo y alentando también sin duda en las ordenanzas de la Gobernación. Cien años después, en 1704, la cofradía de Odollo aprobó nuevas reglas, dado que para entonces había crecido mucho con la incorporación de vecinos de otros pueblos, como Llamas, Marrubio y Noceda. El recorrido por los 45 capítulos del nuevo documento nos permite asomarnos al viejo y solidario modo de vida transparentado en sus líneas. Aparte de las normas concretas sobre organización y funcionamiento, lo más sugestivo reside en los detalles sobre ese espíritu cofrade que decía. Así, por ejemplo, en caso de enfermedad de un cofrade, los demás tienen la obligación de «segarle la yerba, arrancarle el lino, segarle el pan, majárselo y hacer la sementera sin interés ninguno»; tratándose de un cofrade sin recursos, el juez nombrará dos cofrades que pidan limosna y si esto no basta se hará un escote; si dos cofrades riñen y se les manda «callar y ser amigos, no lo haciendo, sean penados entrambos en una libra de cera» (se entiende que para el Santísimo); el día del Corpus cada cofrade recibirá «la porción de un cuarterón de tocino y cuartillo y medio de vino, salvo si por estar caro el tocino y vino, determinara el cabildo dar sardinas y menorar la medida del vino». Citemos en fin el más curioso de esos artículos, aquel que establece que el día del Corpus habrá una danza «para festejar al Santísimo Sacramento, a la cual están obligados todos». Si acaso nos sorprendiera un tal modo de festejo así unido a una liturgia religiosa, deberemos recordar que desde tiempos antiguos la danza precisamente ha sido la expresión más depurada del entusiasmo, y que este es un término de nítido origen religioso, literalmente endiosamiento o transporte divino, que es quien dicta a los pies la danza. Por lo demás, no era esta danza privativa de Odollo, otras cofradías con esta misma u otras advocaciones la tenían, así las de Robledo, La Baña, Nogar, Corporales, Santa Eulalia. Concha Casado, nuestra ilustre etnógrafa, les dedicó un ensayo primoroso. A la bonanza de la época responde sin duda en Odollo el retablo barroco de la iglesia con su tabernáculo centrado en la base. Pero yo quiero centrar el interés en la figura que corona el tabernáculo, y así llegamos adonde queríamos llegar, que es el pelícano y su extraña presencia aquí. Viene de antiguo la creencia de que esta ave alimenta a sus crías con su propia sangre. Se hace no obstante muy difícil aceptar el desconocimiento general de lo evidente, esto es, que guarda en el buche los peces capturados y ya en el nido se inclina para que sus crías puedan acceder a su alimento. De este modo la inveterada creencia no sería el fruto de un error, sino que, marcada por la postura dicha, la visión desembocó en esa emocionante interpretación. Santo Tomás en un verso de su himno a la eucaristía

Adoro te devote, invoca al «Señor Jesús» como «Pie (piadoso) pelícane» y ahí quedó establecida la famosa alegoría eucarística: al modo del pelícano, también Jesús alimenta a sus fieles con su sangre. A partir de entonces la figura aparece en sagrarios, cálices y otros objetos. El pelícano mide unos 40 cms. de alto; tiene las alas abiertas y tres polluelos simétricamente situados en torno a su pecho aguardan, impacientes, a juzgar por sus alas también extendidas, a que su madre saque el gran pico clavado en su pecho con el alimento. En su sermón del día del Corpus desde el púlpito en la primera columna de la nave a la izquierda, el cura nunca dejaría de señalar aquel punto del retablo, glosando con pasión el gesto materno radical del pájaro eucarístico. Yo imagino la emoción de los cofrades y demás oyentes conmovidos, sus ojos húmedos.

tracking