Enrique Freijo, in memoriam
Era «cariñoso y sabio», ubicado en el ámbito de la llamada «Psicología Humanista», también conocida por «tercera fuerza»

Hace 25 años fallecía en Bilbao —su ciudad natal— el que fue nuestro profesor de Psicología Profunda en la Universidad Pontificia de Salamanca, Enrique Freijo Balsebre (15/07/1925 — 23/01/2001).
Enrique Freijo, doctor en Medicina y en Filosofía, teólogo, psicólogo, sacerdote diocesano y uno de los principales pioneros de los estudios de Psicología en España, participó muy activamente en los procesos de desarrollo e institucionalización de dicha disciplina en todo el territorio español entre los años 1960 y 1990. Fue el fundador en 1966 de la Escuela Superior de Psicología de la Universidad Pontificia de Salamanca —la tercera de España después de las Escuelas de Madrid (1953) y de Barcelona (1964)—, y fue también fundador en 1971 de la Sección de Psicología de la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 de la Sección de Psicología de la Universidad de Bilbao —aún no había sido creada la Universidad del País Vasco—. Ambas Secciones se consolidarían como Facultades años más tarde. Enrique, el menor de otros cuatro hermanos: Rafael, Ángel, Pablo y Conchita, de familia de clase media con recursos con los que facilitarle apoyo para desarrollar una larga y fructífera trayectoria intelectual, inició sus primeros estudios en las escuelas municipales de La Concha, en el ensanche de Bilbao, donde mostró ser buen estudiante y un alumno muy aventajado. Finalizado el bachillerato, y guiado por sus lecturas sobre la teoría de la evolución de Darwin, decide estudiar medicina que inicia en Valencia y continúa en Salamanca donde, tras seis años de gran esfuerzo académico, los finaliza el 30 de junio de 1948 con un brillante expediente académico. En Salamanca, Enrique conoce al presbítero asturiano Avelino López Castro, quien, además de ponerle en contacto con jóvenes de Acción Católica, ejercería una intensa influencia personal en él. Fue el momento de su vida en el que empezó a coger fuerza la idea de hacerse sacerdote. Cursa en la Pontificia los estudios de Teología, que termina en 1954, y de Filosofía, cuya licenciatura obtiene al año siguiente; estudios que concluye «con honores académicos de excelencia». Ordenado sacerdote, fue nombrado consiliario diocesano de la
Juventud Estudiante Católica (JEC), cuya labor apostólica compaginaría con la de párroco de la Iglesia de San Benito. En 1957 empieza a dar clases de Psicología en la Universidad Pontificia. Poco tiempo después lo haría en la Facultad de Medicina de dicha ciudad. Durante estos años de intensa y productiva actividad pastoral, docente, intelectual y de gestión académica, «lo que le obliga muchas veces a empalmar el día con la noche y a tener que arrebatar horas al sueño para poder colaborar en la línea editorial de la revista
Iglesia Viva, y poner en marcha la Cátedra Pablo VI», Enrique adquiriría una formación biológica, médica, humanista, teológica y filosófica, que le permitiría acometer con solvencia sus dos tesis doctorales. La primera tesis doctoral con la que obtuvo el doctorado en Medicina la realizó en el Seminario de la Cátedra de Historia de la Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca bajo la dirección del profesor doctor don Luís Sánchez Granjel. La tesis doctoral titulada
El problema religioso en la historia de la psicología médica contemporánea. Psicología y religión en la obra de Segismundo Freud fue presentada en el año 1959 y calificada con «sobresaliente cum laude», siendo distinguida con el premio extraordinario de doctorado del curso 1958-59. La segunda tesis doctoral con la que el profesor Freijo obtendría el doctorado en Filosofía fue presentada en 1963 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia de Salamanca bajo la dirección del jesuita Mauricio de Iriarte. En esta nueva tesis titulada
El psicoanálisis de Freud y la psicología de la moral, en la que investiga la génesis y el desarrollo de la conciencia moral en la obra de Sigmund Freud, Freijo obtuvo la mención «Summa cum Laude Probatus». La obra intelectual de Freijo, «amplia, precursora, de calidad y muy coherente con sus planteamientos vocacionales», «desde claves psicodinámicas, antropológicas y epistemológicas», se centró en cuatro áreas fundamentales: 1) en la teoría psicoanalítica; 2) en la comprensión de la adolescencia y juventud; 3) en cuestiones de fe y religión; y 4) en la valoración de la sociedad de su tiempo en relación a la libertad del hombre. En 1978, a sus 53 años, Enrique Freijo marcha de Salamanca para incorporarse a la que primero fue la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Bilbao, y después Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, de la que sería decano desde 1983 a 1985, año en el que se aprobaron los estatutos de la Universidad del País Vasco. «Su misión allí fue la de desarrollar, una vez más, los estudios de Psicología. Él era el hombre idóneo para llevar a cabo esa tarea». Así, el 13 de agosto de 1990, conseguiría la creación de la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco con sede en San Sebastián. El profesor Freijo, según testimonio de compañeros, colaboradores, discípulos y de cuantos tuvieron oportunidad de relacionarse con él, era «un ser humano cariñoso y sabio», ubicado en el ámbito de la llamada «Psicología Humanista», también conocida por «tercera fuerza». En él se encontraba a «una personalidad altamente creativa, muy inteligente, obstinada, luchadora, rebelde, valiente, seductora, comprometida, coherente y con una gran capacidad de liderazgo». En su excepcional persona confluían un profundo pensador, un incansable innovador, un gran intelectual y un probado maestro, como atestiguan muchos de los que fueron (fuimos) sus discípulos.