Diario de León

DISTINTAS FORMAS DE VER LEÓN

MARÍA DÍEZ REVILLA
Decana del Colegio de Economistas de León

León, muchos años de historia… y un futuro pendiente

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León es mucho más que una provincia con historia. Es cultura, tradiciones, pueblos con alma y, sobre todo, personas. Personas que hacen de esta tierra un buen lugar para vivir. Aquí se valora la calidad de vida, el arraigo, la cercanía y el cariño por lo nuestro.

Aquí, el color púrpura no es solo una bandera: es identidad. Esa bandera que miramos con cariño como algo muy nuestro. Ese León rampante que ahora inunda nuestra ciudad representa un símbolo, pero también identidad y carácter leonés: es orgullo de pertenencia, resistencia a la adversidad, fuerza para no rendirse y seguir de pie, aunque nos cueste.

Pero también es verdad que León lleva tiempo sintiéndose olvidado. Muchos lo comentamos a diario: las decisiones importantes se toman lejos, rara vez pensando en nuestra realidad. Poco a poco, León se ha ido diluyendo dentro de una comunidad que no nos tiene en cuenta, que no nos escucha y que no nos cuida. Una comunidad en la que no somos más que un apellido. Incluso nos ronda la idea de «hacer nuestra vida», de independizarnos, como un adolescente al llegar a la mayoría de edad, quizás para que al menos nos presten un poco más de atención y nos cuiden un poquito más.

Hay que decirlo sin rodeos: nuestras empresas necesitan respirar. La situación económica ya es bastante complicada como para seguir añadiendo trámites, controles y exigencias que no siempre se traducen en mejoras reales. Quien tiene una empresa o un negocio sabe lo que cuesta sacar adelante un proyecto, pagar nóminas y llegar a fin de mes. Poner trabas constantes no ayuda. Las empresas en León se sienten fiscalizadas, inspeccionadas, observadas con lupa por la administración. Esto no suma. Una mano amiga, una palabra de aliento, un poco de tranquilidad muchas veces ayuda y mejora la gestión de los empresarios, que cada vez encuentran más dificultades en el camino y más piedras que saltar.

Apoyar a las empresas no es un favor: es una necesidad y una responsabilidad. Son ellas las que generan empleo, las que permiten que muchas familias se queden en León y las que ayudan a fijar población. Mirarlas solo desde la sospecha o la fiscalización continua no construye futuro.

Cuando una empresa se va, algo estamos haciendo mal. A veces exigimos mucho y acompañamos poco. Falta apoyo, orientación y una apuesta clara por quienes quieren crecer y crear empleo aquí.

A nuestras asociaciones empresariales: León tampoco puede permitirse divisiones internas. Somos una tierra pequeña y necesitamos ir de la mano. La desunión solo nos acerca a un futuro de pueblos vacíos, población envejecida y ciudades que viven casi exclusivamente del turismo. Un sector importante, sí, pero insuficiente si queremos empleo estable, cualificado y de calidad.

A los jóvenes hay que decírselo claro: León os necesita. Necesita vuestro talento, vuestras ideas y vuestras ganas. Aquí se vive bien y hay empresas que buscan gente formada y comprometida. Si los jóvenes se van, León envejece, y eso nos debilita como provincia, separando familias y obligando a quienes quieren desarrollar una carrera profesional a irse lejos de sus seres queridos.

León no puede resignarse. Tenemos que rejuvenecer la economía, diversificar sectores y cuidar a quienes sostienen el empleo. El futuro no llega solo; hay que trabajarlo entre todos.

A los empresarios leoneses: ánimo. Nunca lo hemos tenido fácil y, aun así, siempre hemos salido adelante. La constancia y la cabezonería —bien entendida— forman parte de nuestro carácter y nos han ayudado a superar momentos muy difíciles.

Y no podemos olvidarnos de quienes peor lo están pasando. La subida continua de los precios, incluso de los productos más básicos, hace que cada vez más familias necesiten ayuda urgente. Las necesidades no esperan, y las personas tampoco deberían hacerlo.

Las necesidades no pueden esperar a que se resuelvan los trámites administrativos, ni a que llegue la carta concediendo la prestación o la ayuda, ni al silencio administrativo. Eso es no querer ver la realidad. Eso es mirar para otro lado. Las personas tienen necesidades sociales básicas que hay que atender. «Se ha terminado el presupuesto», dicen. Pues la compra de la legumbre, de los huevos, de la leche o de los libros del colegio de los niños no puede esperar trámites ni papeleos.

León no se defiende solo desde los despachos. Se defiende cada día, en sus empresas, en sus pueblos, en sus barrios y en su gente. Se defiende cuando apoyamos a quien emprende, cuando cuidamos a quien lo pasa mal y cuando damos oportunidades a quienes quieren quedarse.

Aquí siempre hemos salido adelante a base de trabajo, constancia y ese punto de cabezonería tan nuestro. No pedimos privilegios, pedimos respeto, atención y futuro. Porque León no quiere ser recuerdo ni postal: quiere ser hogar, presente y mañana.

Y León, cuando se le cuida, responde.

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