DISTINTAS FORMAS DE VER LEÓN
120 años no son pocos

Ciento veinte años no son pocos para contar la vida de un pueblo. No son pocos para guardar la memoria de una tierra, para fijar en tinta los pasos de generaciones enteras, para narrar cómo ha latido León desde principios del siglo XX hasta hoy. En un territorio que ha sido cuna histórica de este país, la memoria colectiva se ha ido preservando, día tras día, a través de las páginas de un periódico.
No queda nadie con vida que pueda recordar aquel primer pliego de papel que, en 1906, convirtió a León en protagonista informativo en una época en la que la prensa local apenas contaba con referencias consolidadas. Sin embargo, desde entonces, en sus páginas han quedado atrapadas historias, noticias y opiniones que narran la evolución de la ciudad y de la provincia, reflejando sus luces y sus sombras, sus avances y sus retrocesos, su carácter y sus contradicciones.
Aquel 3 de enero de 1906, Diario de León abría su ventana al mundo en la fiesta de San Blas. «Por San Blas, la cigüeña veras y si no la vieres, año de nieves». Era, quizá sin saberlo, un presagio de lo que se mantendría hasta nuestros días: Santos, tradiciones, fiestas y costumbres harían a León protagonista del papel. Desde entonces, la actualidad política, social y económica ha convivido con la crónica cotidiana de León.
Para quien escribe, supone un orgullo poder transmitir estas palabras desde un medio de comunicación que durante doce décadas ha resistido todo tipo de envites: sociales, políticos, económicos y empresariales. Ha sobrevivido a la dictadura de Primo de Rivera, a la Segunda República, a la Guerra Civil, al franquismo —con su férrea censura— y a la Transición democrática. Y lo ha hecho con una única vocación: seguir contando León.
Este diario ha relatado día a día el avance de la ciudad y de la provincia. Aunque en mi caso solo llevo veinte años viviendo en León, sus páginas son un fiel reflejo de cómo esta tierra se ha ido transformando en una gran lugar que, en ocasiones, parece adormecida ante sus propias posibilidades. A través de la tinta se han escrito innumerables artículos reclamando lo que la sociedad demanda y, en muchas otras ocasiones, mostrando con dignidad y honor el valor de León y de sus gentes.
Ojalá el lector se detuviera con más atención en cada ejemplo que ofrecen los protagonistas de Innova o los premiados en los últimos veinte años al Desarrollo Social y a los Valores Humanos. Miles y miles de artículos y opiniones han forjado una manera de mirar León. A mí, personalmente, me han ayudado a comprender un territorio que ha evolucionado a una velocidad que, a veces, cuesta reconocer.
En 1906, León era una de esas ciudades tristes, sumida en un país lleno de dudas y dificultades. Durante décadas, poco mejoró el panorama: guerras, dictaduras y penurias marcaron la crónica de un León sin garra. Hoy, sin embargo, sin haber perdido su carácter reivindicativo —a veces quejoso y, en mi opinión, demasiado falto de fe en sus propias posibilidades—, el León que yo veo es un León que ruge.
Un León líder en el sector gastronómico, con innumerables marcas de garantía, exclusividades mundiales en alimentación y productos dignos de los mejores manjares. Una provincia que conserva su esencia histórica, heredera de un pasado en el que dominó reinos, y que transmite esa grandeza a través de tradiciones y fiestas que llenan cada rincón. Un territorio privilegiado en valles y páramos, montañas y ríos, reservas de la biosfera, pantanos, rutas y joyas rurales que no están al alcance de cualquiera.
León ha evolucionado también en sus oportunidades formativas: treinta y siete titulaciones universitarias, una universidad que atrae a instituciones internacionales como la Universidad de Washington, con sede permanente, o el Instituto Confucio, uno de los pocos existentes en España.
Necesitaría un periódico entero, o quiza otros 120 años para contar todo aquello que los leoneses no siempre se cuentan entre sí: lo mucho que sí tiene León, aquello que lo hace diferente. Porque lo que falta o no llega suele ser tema de conversación diaria, mientras que las fortalezas pasan, a menudo, desapercibidas.
La evolución de un territorio no se mide solo por su pasado, sino por las oportunidades que abre hacia un futuro mejor. No dejemos de pensar en lo que León necesita, pero hagámoslo desde otro punto de partida: el de quienes, incluso bajo una dictadura, escribieron soñando un futuro; o el de aquellos artículos de la Transición que mostraron al lector un mundo lleno de posibilidades.
Así ha sido y así es León: luchador, persistente y siempre buscando un mañana mejor. Y durante 120 años, ejemplos como este periódico han caminado a su lado, contándolo todo en lo bueno y en lo malo, porque todos estos años no son pocos para creer en León.