Diario de León

Héctor-Luis Suárez

Musicólogo E Investigador De La Tradición

Puesta en valor y refolclorizaciones en entornos urbanos: unos sí, otros no («la parrala»)

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Llegó mayo y, un año más, sus tradiciones ancestrales a la provincia. Al lado de la capital leonesa hay «mayos pinados» con sus «peleles» en Villabalter y en los pueblos del municipio de Sariegos. Más lejos, en Velilla de la Reina, Celadilla, Cimanes del Tejar, Benamariel o Brazuelo también; además de los tradicionales las comarcas de Jamuz, la Valdería, La Cabrera, El Bierzo y La Bañeza, o los vivientes, peculiares y cantados de Villafranca del Bierzo, entre otros y Maragatería —si retoman—.

¿Y si «pinamos un mayo» en el jardín del Cid u otro?, ¿o en tal o cual plaza? O también ¿si «colgamos el Judas» el Sábado Santo?, e incluso ¿incorporamos los «tamburiteros» y «la danza» en tal o cual procesión de gloria —Virgen de la Alegría (Pentecostés), Corpus, Corpus Chico—, como en los pueblos?, o ¿enramamos «la puerta de…»? o … y todo unido a tantas tradiciones o evocaciones históricas más que pueden plantearse. Y si, les diera por decir y abordar este año esto, o algo parecido, a varios, o a alguno, o a cada uno que lo estimase oportuno entre los colectivos, capitalinos o de otra localidad, dedicados a la defensa de la cultura o de las tradiciones populares y grupos de música y danza, cofradías y otros colectivos… ¿qué pasaría?… ¿«se armaría»? Y ¿cómo no lo ven los responsables municipales y provinciales para «aprovechar jugada» y promover? En especial, aquellos que se dedican a salvaguardar la cultura local y promocionar iniciativas divulgativas para la misma en pro de su puesta en valor y de la consolidación de su nivel de relevancia social, reforzando así el sentido de adscripción y amor a la tierra, haciendo copartícipes a los que, de fuera, ya viven o nacen aquí. En ciudades como León, de vez en cuando, asistimos a efemérides del pasado recreadas por asociaciones qué se especializan en cada tema histórico o costumbrista a tratar. Este fenómeno consiste en un ejercicio de puesta en valor a través de una recreación histórica, cultural, o de refolklorización. No es exclusivo capitalino, ni nuevo en la provincia. Y, como muchas asociaciones y colectivos más, hasta un servidor ha participado en el diseño de algunos desde su conseja profesional. Así, transcurridos los últimos cuarenta años, tenemos alguna de estas manifestaciones y sus organizadores, consolidados en tarea y hasta asociados a nivel nacional con grupos homólogos. Entre las más significativas: Astorga y la recreación de astures y romanos, Ponferrada, con la templaria y Hospital de Órbigo con las justas del Paso Honroso. Al lado, otras en términos similares y las recreaciones sobre la guerra de la independencia, hechos y batallas napoleónicas, con continuidad o puntuales conocidas como Cacabelos, con la recreada unidad Militar de Tiradores del Bierzo y también Astorga. En la capital, se ha asistido en los últimos años a la recreación y consolidación romana del Natalicio del Águila, a las distintas histórico medievales sobre el Reino de León del colectivo El Trovador Leonés y hasta algunas tradiciones y dramatizaciones populares devocionales, como pastoradas, auto de reyes — «los Reyes», «La Sibila», o «encuentros», «desenclavos» y otros en procesiones de Semana Santa. En lo más «folclórico» o costumbrista, hallamos expresiones traídas de la mano de los numerosos grupos existentes en la capital y todas las comarcas leonesas —tanto de baile o danza tradicional, específicos de una tradición concreta, así como todo género de colectivos de preservación de estos aspectos—. Y hasta parroquias o cofradías, numerosas romerías, con dramatizaciones y otras celebraciones recuperadas junto a sus costumbres asociadas. Tanto en contextos profanos de todo tipo como religiosos, vinculadas a la liturgia o a la paraliturgia y su tradición, se han recuperado o añadido elementos, incluso inventados o reinventados sobre algunos testimonios vagos. Sin olvidar aquellos más, que, aculturados, se han importado de otros lugares y sus celebraciones —similares o no—, simplemente a criterio o gusto de los organizadores. Pero en la capital leonesa «los carros» y «pendones» por San Froilán, o «las cantaderas» de la Virgen de Agosto —hoy fuera de fecha en octubre—, la Inmaculada, o la celebración de San Froilán anterior, complementaria de la tradicional en La Virgen del Camino, se recuperaron a lo largo del S. XX por colectivos —como «tradiciones leonesas»—, entidades e instituciones y hoy son fiestas o celebraciones de arraigo. Además de como ya sucede en diversos actos donde no ocurría, algunos elementos, ahora han tomado realidad gracias al añadido de presencias de grupos regionales de música y baile, «pendones» rurales y otras expresiones populares y de tradición. Así sucede con «los ramos leoneses» de Navidad/Ñavidá» por calles y plazas —también en la provincia—; «el altar de San Juan» en San Marcelo, el «toque a tente nube» por Santa Brígida, «las rondas o marzas», o la «hoguera», vueltas, «canto del ramo», bendición de animales y otros actos por San Antón. Más, el «poner el ramo al Pelayo» en el arco cada Santa Marina y «la cruz de mayo» del Desenclavo, en la fachada de esa parroquia. Así como las muestras de «mazcaradas» de antruejo/ «antruido» rural… vulgo carnaval, entre otras. A la par, se ha sumado alguna de éxito popular. Aunque, como alguna citada, en lo técnico etnográfico inadecuadamente presente aculturación —como la quema de «la falla» en «la hoguera de San Juan», que ha arrinconado la homóloga tradición local de «la quema de la Tarasca», olvidada desde los setenta—. Otras, como el homenaje a la monarquía leonesa en el panteón de San Isidoro, el día de Reyes, el «canto del ramo al Cristo» de septiembre en San Francisco y las procesiones de San Marcelo o del Carmen, completan el estado de la cuestión junto a alguna más. Pues bien, en numerosas ocasiones, sobre ellas y más allá de alguna discrepancia inicial, poco o nada ocurre «a la siguiente vez». Muy «a la leonesa» y de tantos sitios. Solo discrepancias «de bar o la salida de misa». Unos a favor y, en contra, el personal más rancio en raíces y «arraigado» en opinión sobre lo vivido o escuchado de «los antiguos» —más «lo que se inventan» …—. Sin faltar las de la crítica, bien fundada, de especialistas en el tema, tanto si la propuesta se realiza bien, como si es equivocada, «pobre» o desafortunada y por ello, considerada inadecuada en punto de vista profesional. Pero, insisto, lo cierto es que, en ediciones siguientes —si se logra continuidad—, el vecindario va incorporando el tema en su acervo. Ergo, ¿quién se apunta «a pinar el mayo»?

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