Economía de mentira
La educación y la formación profesional están tan mal orientadas e infravaloradas por los gobiernos

La situación real de España es, desgraciadamente, muy distinta a lo que nos quiere hacer creer el Gobierno con su «mariachi». La verdad es que al aumentar la población aumenta también, como es lógico, el consumo, el PIB, pero no mejora la productividad y reduce el nivel de vida de la clase media. Algunos sectarios, impertinentes, muy chulitos, «hijos de putin», que se las dan de humildes, pretenden que en pocas líneas se responda a ridículas preguntas que consideran cuestiones económicas esenciales. Su atrevida ignorancia es propia de los que creyeron que se podía aprender economía en un par de tardes. Es muy difícil enseñar a los que no quieren aprender. Mis artículos sobre economía, fruto de mi experiencia en el mundo empresarial y financiero, deberían ser analizados en colegios, universidades, y también por esos «economistas de mentira», o de televisión, que se permiten dar lecciones a empresarios y autónomos. Es muy triste que los que manejan los recursos públicos se dediquen, por interés personal, a aumentar las desigualdades políticas, económicas, sociales, culturales y, además, tengan la desfachatez de autoproclamarse progresistas.
Cuando una botella (o una cabezota) está llena de agua sucia es necesario vaciarla y lavarla muy bien antes de meter en ella el agua limpia. El poder de la suciedad, del dogmatismo acérrimo, es tan grande que una simple y diminuta gota es capaz de contaminar cualquier conocimiento empírico. Por culpa de esta y otras malísimas «razones», son incapaces de entender cuestiones económicas muy sencillitas que ya escribí, por ejemplo: «Grave error es afirmar categóricamente que una chica senegalesa del servicio doméstico o un mauritano que barre las calles de Majadahonda son elementos o factores importantes de producción y crecimiento». A este desatino económico hay que añadir los 625.000 que tienen nómina en las oeneges y que no sabemos si deberíamos considerar «empleados públicos». El gobierno monclovita, muy eufórico, nos acaba de contar el cuento de 22 millones cotizando a la S.S. La educación y la formación profesional están tan mal orientadas e infravaloradas por los gobiernos y la mentalidad social que se da la injusticia de tener mejor estabilidad y sueldo el extranjero barrendero en Pozuelo de Alarcón, en un servicio público «externalizado», gestionado por una o varias empresas intermediarias, que el joven español economista, ingeniero, o abogado, en una empresa privada cien por cien. En julio de 2012 escribí: «José Luis Sampedro y Carlos Berzosa, ¡vaya dos!, si por separado son unos sectarios, juntos, formando dúo, llegan al esperpento. De economía real no saben casi nada, su autoridad es escasa». El señor Sampedro, hijo de un médico militar y alumno de los jesuitas, nunca sudó ni tuvo callos en las manos, siempre estuvo viviendo ricamente con cargo al erario, bien como Jefe de Aduanas, profesor, o mandamás del Banco Exterior de España. De la crisis del 2007 (anunciada por un servidor en 2005) no se enteró, pero en 2010-2011 soltó sus sermones «indignados», clara muestra de su cacao mental que causaba estupor, o triste risa, a toda persona no sectaria que de verdad supiera de economía real en el sector privado, productivo. La mente del autor de
La sonrisa etrusca, en temas de economía y de política, se mostró incapaz de centrarse, de ser coherente, por eso se «emocionó» recordando «la belleza del anarquismo», en el que luchó en la G. C. (aunque luego se pasó a los rebeldes nacionales de Franco), se mostró partidario de la autodeterminación de los pueblos y acusó a los liberales, partidarios de la libertad individual, de no permitirla. En fin, que a sus noventa años de «sabiduría y experiencia» fue capaz de mostrarse tan equivocado e inmodesto como demuestra su demagógica afirmación: «Hay dos tipos de economistas, los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres», frase que bien puede suscribir hoy la directora de Red Eléctrica de España que gana 546.000 euros al año, o sea 1.500 cada día, pero no sabe ni nos cuenta los motivos del apagón general del 28-4-2025. Hay que ser mediocre economista para declarar que el Plan E puesto en marcha en 2008 por el gobierno de R.Z. fue muy bueno para España. Así se pronunció el señor Abel Caballero, que no quiere enterarse y admitir que los resultados fueron tan malos que incluso el señor Solbes quiso descargar su conciencia y, poco antes de morir, dijo que había sido un desastre, que nunca deberían haberse puesto en marcha. Claro que el señor alcalde de Vigo, que el 26-3-2017 se mostraba encantado de apoyar a Susana Díaz, anda ahora muy iluminado. Lo demuestra, sin pudor, en la entrevista que Esther Jaén le hizo el 17-6-23 en
The Objective, en la cual dice: «Veo fortísimo a Sánchez, es un extraordinario presidente». Además, arremete contra Feijóo y el PP, a los que exige explicaciones porque nunca dijeron que iban a pactar con Vox. Sin embargo, él sí pactó con el BNG, lo hizo en 2007 y en 2011, pues según sus sectarias entendederas lo separatistas gallegos, que odian a España, son angelicales, y los de Vox diabólicas criaturas a las que no se les puede permitir que salgan del averno. Para un servidor está claro que el señor Abel tiene poco de Caballero, lo ha demostrado estos días al pedir y conseguir que los trenes que van y vienen de Vigo no paren en la meseta y perjudiquen a leoneses y castellanos. El señor «economista de secano», exministro de España, se siente y se proclama magnífico ganador electoral en Vigo, y ataca, insulta y desprecia al señor Núñez que en las Elecciones Autonómicas de Galicia ha ganado, con mayoría absoluta, en 2009, 2012, 2016, y 2020. No sé si Jordi Sevilla les habrá dado clases de economía dos o más tardes, pero es evidente que han sido incapaces de aprender. Me acabo de enterar que en Hungría ha perdido, por goleada, el señor Orbán. Me alegro mucho, lo celebraré esta tarde disfrutando una buena taza de chocolate negro acompañado de pan tostado recubierto de miel y aceite. A pesar de los últimos desastres, España sigue siendo una maravilla y goza la mejor calidad de vida del mundo. Con toda Burbialidad.