Diario de León

José Antonio García Marcos

Psicólogo Clínico Y Escritor

Ungeziefer

Hay tantos paralelismos entre los años 30 del siglo XX y lo que estamos viviendo en la actualidad que da miedo reflexionar sobre la cuestión

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En la actualidad existen algunas instituciones de la lengua en distintos países que convocan un concurso para elegir la palabra del año. En 2020, cuando estábamos en plena reclusión domiciliaria por la pandemia de covid-19, la palabra ganadora en nuestro país fue Confinamiento. Algo parecido ocurrió en Alemania, donde la palabra que se alzó con el galardón ese mismo año fue Corona-Pandemie. En 2025, superada ya y casi olvidada la pandemia, la palabra ganadora aquí fue Arancel. Ese mismo año la Sociedad de la lengua alemana (Gesellschaft für deutsche Sparache) determinó como palabra del año a KI-Ära, es decir, la era de la inteligencia artificial. Mientras que en tiempos de pandemia los temores eran universales, en 2025 las cosas cambiaron radicalmente. Los alemanes ponían más énfasis en las amenazas y las posibilidades de la inteligencia artificial y a nosotros nos preocupaba la política arancelaria de Donald Trump. Se podrían sacar muchas conclusiones sobre España y Alemania en esta selección de la palabra del año, pero este no es el tema que quiero tratar hoy.

Si en los años 20 del siglo pasado hubiera existido la costumbre de nombrar una palabra del año, no tengo duda de que una de las que se hubieran alzado con el premio en los países de lengua alemana hubiera sido Ungeziefer. Se trata de una palabra muy antigua del alemán que designa a animales pequeños y peligrosos que pueden transmitir enfermedades, provocar problemas de tipo higiénico o destruir cosechas. En este término genérico estarían englobados animales como cucarachas, escarabajos, mosquitos, moscas, ratas y unos cuantos más. Existen, por el contrario, otros animales más nobles, llamados genéricamente Geziefer, que serían aquellos que las sociedades primitivas solían ofrecer en sacrificio a sus dioses, como cabras, bueyes u ovejas. La palabra Ungeziefer tiene una connotación muy negativa, sobre todo cuando se extrapola a los humanos. Citaré dos textos literarios que avalan mi intuición de que esta denigrante expresión se hubiera convertido en palabra del año en alguno de los países de lengua alemana. El primer texto es muy conocido y fue escrito en 1912 por un ciudadanos checo que hablaba y escribía en alemán. Su nombre es Franz Kafka. El comienzo de su relato titulado

La Metamorfosis es el siguiente: Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana, después de un sueño con pesadillas, se encontró en su cama convertido en un monstruoso Ungeziefer. En 1923 otro escritor, este de un solo libro titulado

Mein Kampf (Mi Lucha), que en aquellos momentos estaba en prisión por haber cometido un grave delito contra el Estado de Baviera, escribió lo siguiente: Si en el frente de batalla tienen que morir soldados llenos de juventud y de valor, en casa tendremos que eliminar a los Ungeziefer. Diez años después el autor de

Mein Kampf fue nombrado Canciller de Alemania y a partir de ese momento se desencadenó una orgía de destrucción como nunca antes había conocido la historia de la humanidad. Su proyecto político englobaba dos objetivos fundamentalmente. El primero la ampliación del espacio vital (Lebensraum) que necesitaba la raza aria para dominar primero Europa y después el mundo y el segundo, hacer una limpieza de la sangre aria en la que habría que eliminar a todos aquellos clasificados como Ungeziefer. Gregor Samsa, un alter ego del propio Kafka que vivió psicológicamente aplastado por un padre autoritario y omnipotente, murió en su casa rodeado de su familia. Después, la sirvienta barrió la habitación arrojándolo al cubo de la basura. Aquellos a los que los nazis clasificaron como Ungeziefer morirían, por el contrario, en las cámaras de gas. El 14 de julio de 1933, a los pocos meses de llegar Hitler al poder, el parlamento alemán aprobó una ley que obligaba a esterilizar a todos aquellos ciudadanos a quienes el dictador había calificado como Ungeziefer. Unos 400.000 alemanes y alemanas tuvieron que pasar por el quirófano, o bien de forma libre y voluntaria, o bien llevados a la fuerza por la Gestapo. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial se radicalizaron las medidas políticas contra los denominados Ungeziefer. Ahora el objetivo era su exterminio. La población alemana estaría más pendiente de la evolución de la guerra que de lo que ocurría dentro de los muros de determinados manicomios del país donde se habían instalado cámaras de gas para hacer esta operación de limpieza étnica. Al frente de esta delicada acción que tenía como objetivo matar a los seres más indefensos de la sociedad, Hitler nombró a un médico de su plena confianza, el doctor Karl Brandt que años después moriría en la horca, condenado en los juicios de Núremberg a los médicos nazis. Estos, más en consonancia con sus conocimientos científicos, utilizarían otras expresiones para designar a sus víctimas. En vez del denigrante Ungeziefer, los llamaban lebensunwertes Leben (vidas inútiles o sin valor vital) o Erbfeinde (enemigos genéticos). Como muchas de las víctimas eran enfermos crónicos e incurables, para embellecer sus crímenes y humanizarlos, emplearon también el eufemismo de la eutanasia. Volvemos a vivir en el mundo un tiempo convulso, distinto, pero con algunos rasgos de la Europa de los años 30 del siglo pasado. Se han escrito ríos de tinta sobre cómo fue posible que la nación más culta de Europa, Alemania, con filósofos, científicos, literatos y pensadores que contribuyeron al surgimiento de la Ilustración y con una tradición judeocristiana milenaria, llegara a elegir Canciller a un simple cabo de la Segunda Guerra Mundial, de origen austríaco, que las únicas cualidades que poseía eran la sed de venganza, una oratoria verborreica y seductora, una decisión firme de utilizar el terror contra sus enemigos políticos y raciales y el sueño megalomaníaco de construir un Reich que durara mil años. Hay tantos paralelismos entre los años 30 del siglo XX y lo que estamos viviendo en la actualidad que da miedo reflexionar sobre la cuestión. ¿Estamos condenados a movernos entre los parámetros de civilización y barbarie? El siglo XXI empezó con el ataque terrorista a las Torres Gemelas y desde entonces no hemos conseguido salir de un bucle de violencia y destrucción que avanza cada día sin que nadie pueda detenerlo. Los señores de la guerra se han adueñado del mundo sin que los ciudadanos podamos o queramos detenerlos.

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