«El León de la alcantarilla», discrepando
Va de respetuosa discrepancia pero plena de contundencia mi opinión. Que ni es nueva, ni ha cambiado. Mas, tan sólo el enunciado de un escrito de Antonio Bret, sobre León de alcantarilla, en este medio, me retrotrae a lo que ya he dicho y para poder aportar alguna «ocurrencia» tal como decir, en ¡extraña loa!: estoy aquí… El tema va sobre un león, medio animal, que si pretendieron darlo dinamismo, tanto puede ser interpretado saliendo de las cloacas, y tildarlo de «león de alcantarilla», ¡vaya ocurrencia!, como si es un animal que trata de amarrarse con sus garras al duro asfalto para no hundirse definitivamente en los lodosos detritus que, batientes, alcanzan a sus extremidades posteriores ablandando sus uñas… En todo caso lo del león (y para León) es un decisión cuando menos infeliz. Y así a perpetuidad. ¡Grave condena en ambos casos!
Si no pretendieron, sus autores, simbolismo alguno entre el león y los leoneses que lo tienen en sus escudos y banderas, ya sea rampante, ya pasante, tan solo porque lo patrocinara Saleal hundirlo, e incluso sacarlo de la miseria de las aguas residuales, por una boca de alcantarilla, es todo un ejercicio de incomprensión, en principio hacia lo más elemental del selvático animal. Llama la atención y ha sido objeto de fotos chulas, se dice pero se calla o pretenden que se ignore, que también de mofa hiriente. No obstante ambas cosas podían ser soportables, incluso cambiantes de un momento para otro, según interpretación del foráneo, el visitante, y un mejor o peor encaje de los legionenses…, mas, el animal leo está en nuestras banderas, en nuestros escudos, como símbolo. Y no sólo de Legio, la urbe regia medieval con origen romano, de legiones que, además de cederla nombre, marcaron dominio, control, y trazaron historia, también los es para León provincia, y apurando lo de pasante, hasta del Reino de León. Mi versión de lo que veo. Es un león con razonable melena, que vista de perfil parece un tupé, está dotado de poderosa mandíbula, y en su boca hay una extraña mueca ambivalente de fiereza buscada, que se queda en mueca, y rasgos de dolor incapacitante, tal vez sea por estar difícilmente asentado en el hueco de una alcantarilla. Creo que ni ayuda a comprender, ni con «su fiereza» entrecortada puede reclamar lástima, si acaso resquemor. Todo esto, simbología a parte de la que hablaremos. Lo dije en otra ocasión, el animal «de alcantarilla», podía haber sido el topo gigante, que en lo fabulado entorno a nuestra Pulchra, pervive. Podía haber ganado notoriedad fuera del templo, donde señalábamos antaño el caparazón de tortuga sobre una gran puerta colgado. Si como adorno si se hubiera elaborado un animal de subsuelo, el que orada, canaliza y asoma de vez en cuando…, la belleza creativa que el autor le podía haber otorgado sería el complemento, un remate de leyenda. Los romanos, Sexta o Séptima… Legio, que aquí estuvieron, jamás habrían permitido que procedente de una de sus «estupendas» cloacas, o hacia ellas abocado, apareciera un animal, águila, de extendidas alas, colocada en una atarjea. Primero por la improcedencia hacia el animal, y mucho más hacia el símbolo que daba prestancia, vigor, renombre, incorporada a su imagen, en los preciados estandartes, sagrados y con fidelidad seguidos. Pues bien, si coincidimos en este último aserto, sin duda alcanzaremos un grado similar a la hora de hablar del símbolo león, que como bien nos dice el historiador Ricardo Chao, a partir de Alfonso VII, se hará omnipresente en los estandartes, escudos y monedas. Leo pasante, leo rampante…, luego habría que hablar del color de las banderas y de la colocación de león, mas, no es el caso para hoy. Si estamos cargados de historia, que escribieron nuestros antepasados, y es sabido, y hoy asumido por los llamados leoneses, cómo se puede permitir que de forma incongruente, se muestre a una león con más o menos garras amarrándose al duro suelo al lado de Palacio de la Poridad que rezuma historia. Para
no picar de picajoso, no pico, pero si digo que en este tiempo autonómico que nos hemos visto obligados a vivir, encontraríamos controversia y confabulación suficiente para buscar tal insinuación creativa… En lo por mí escrito no vea el redactor, ni el autor o autores en este caso, de la obra, intento peyorativo alguno, sino una interpretación personal que surge desde una posición estable de leonés comprometido y defensor a ultranza de lo tradicional e histórico. Siempre que escribo sobre lo de los demás, procuro no caer en personalismos, incluso, sin modestia alguna, derrochando sinceridad defensiva, ¡desde el mejor de los tonos!