Empresas con propósito: redefiniendo la ecuación de la competitividad en León
Redefinir la ecuación de la competitividad construirá una economía leonesa fuerte, resiliente y con futuro
Durante décadas, la receta para que una empresa fuera competitiva parecía inamovible: encontrar un buen mercado, optimizar costes, exprimir los márgenes, abrazar la última tecnología y, sobre todo, maximizar el beneficio para los accionistas a corto plazo. Era la doctrina que Milton Friedman consagró en 1970 con su célebre tesis de que la única responsabilidad social de la empresa es aumentar sus beneficios, y que el pensamiento económico dominante abrazó sin demasiadas reservas durante cerca de medio siglo.
Sin embargo, algo se ha roto en esa lógica. Hoy sabemos que las organizaciones que integran una dimensión social en su estrategia crean más valor a largo plazo y construyen una reputación que ningún balance contable puede comprar. El propósito no es el enemigo de la rentabilidad. En muchos casos, es su fundamento más sólido. Y en territorios como León, entender esto no es una opción estratégica entre otras: es una necesidad. Nuestra provincia tiene, además, razones propias y urgentes para abrazar este modelo. León afronta el reto de la despoblación, el envejecimiento acelerado y la sangría de jóvenes que buscan fuera las oportunidades que no encuentran aquí. En este escenario, el tejido empresarial local puede ser uno de los actores más decisivos para construir una respuesta; no como una obligación impuesta, sino como una oportunidad estratégica. Una oportunidad que varias organizaciones leonesas llevan años capitalizando con éxito. Es el caso de Patatas Hijolusa, que ha levantado un grupo agroalimentario líder nacional sin perder un ápice de su arraigo territorial; de RMD, cuya filosofía de reciclaje integra desde su origen la sostenibilidad en su modelo de negocio; de Oblanca, que combina la fijación de empleo en el medio rural con programas de inserción sociolaboral junto a Cáritas y Cruz Roja; o de SOLTRA, nacida en La Virgen del Camino con el propósito explícito de generar empleo para personas con discapacidad y que hoy compite en tres continentes. Ninguna de ellas ha sacrificado rentabilidad por principios. Al contrario: su propósito ha sido el acelerador de su competitividad. Y esa última observación no es retórica. La investigación en economía de la empresa lleva años acumulando evidencia a nivel internacional de que las organizaciones que operan bajo este prisma dotan de una robustez estructural a su modelo de negocio y aseguran su rentabilidad futura. La fidelidad de clientes, trabajadores y proveedores que genera el propósito compartido se traduce, en la práctica, en una menor rotación de personal, mayor capacidad para atraer talento y una resiliencia superior ante las crisis. El beneficio no desaparece; se consolida sobre una base mucho más sólida y competitiva. Este engranaje de competitividad y valor social, sin embargo, no surge espontáneamente ni se sostiene solo. Detrás de estas organizaciones hay una cadena humana de liderazgo indispensable que empieza en el compromiso fundacional, impregna a los órganos de gobierno y directivos, y se despliega con firmeza hacia todos sus grupos de interés. El éxito de este modelo radica en que tanto los administradores en sus consejos como los directivos en su gestión diaria no se limiten a vigilar un balance, sino que asuman la responsabilidad estratégica de transformar su entorno. Pero la acción empresarial no opera en el vacío: ayuntamientos, diputación, Junta de Castilla y León y Gobierno central tienen también un papel activo en este engranaje, ya sea facilitando el acceso a financiación, diseñando políticas de empleo inclusivo o creando marcos regulatorios que premien el compromiso social de las empresas sobre el territorio. Potenciar este liderazgo compartido entre empresas, empleados, proveedores, clientes, comunidad e instituciones es lo que realmente multiplica los efectos del propósito y convierte el impacto social en un motor sostenido de desarrollo económico y cohesión territorial. El futuro de nuestra provincia no dependerá de aquellas viejas recetas que durante demasiado tiempo dominaron por igual la gestión pública y privada, sino de un ecosistema compartido donde las administraciones actúen como aliadas eliminando trabas burocráticas y donde, tanto instituciones como empresas, asuman con firmeza que el propósito social no es un lujo accesorio para los tiempos de bonanza. Redefinir la ecuación de la competitividad es, hoy más que nunca, la estrategia más inteligente y viable para construir una economía leonesa fuerte, resiliente y con futuro.