Diario de León

Francisco Martínez Hoyos

Doctor En Historia

León XIV, el peruano de adopción

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Robert Francis Prevost nació en Estados Unidos pero Perú es su patria de adopción. Eso ya es importante. Pero todavía lo es más que los peruanos le vean como uno de los suyos. Tras el cónclave que le convirtió en León XIV, el cantante Donnie Yaipén dio a conocer su éxito La cumbia de papa, donde afirmaba que el pontífice, aunque había nacido en Chicago, había pasado la mejor parte de su vida en el país de los incas. Así había llegado a ser más peruano «que el ceviche», en referencia a un plato típico compuesto por pescado crudo.

Fue en 1985, tras concluir sus estudios de Derecho Canónico, cuando Prevost llegó a Chulucanas, una zona de gran pobreza que acababa de pasar por unas terribles inundaciones. Según su propio testimonio, al ver toda aquella miseria, le preguntó a Dios: «Señor, ¿a dónde me has traído?». Es lógico que se sintiera desubicado. Una cosa es saber cómo se vive en el Tercer Mundo y otra muy distinta palparlo. Perú, además, atravesaba un periodo especialmente oscuro a raíz del terrorismo de Sendero Luminoso. Así, el futuro León XIV inició una experiencia que, como admitiría mucho tiempo después ante la periodista Elise Ann Allen, iba a cambiarle la vida. Decidió que iba a darlo todo y que, pese a todos los problemas, no se arrepentiría. Tenía que enfrentarse a un reto muy difícil. Las cosas se complicaron aún más cuando, a los dos meses de llegar, contrajo la fiebre tifoidea. Desplazarse a la clínica más próxima, a una hora y media de distancia, debió ser toda una aventura. En cuanto al clima eclesial que encontró, tomó nota de la importancia de la teología de la liberación. Simpatizaba con su compromiso con los más pobres pero no con determinadas inclinaciones marxistas como el recurso a la violencia para defender los derechos de los desposeídos. El máximo representante de esta tendencia, Gustavo Gutiérrez, despertaba sentimientos contrapuestos. León XIV explica que algunos le consideraban un gran teólogo y otros se avergonzaban de que fuera peruano. Tras una estancia de un año, volvió a Estados Unidos para completar su tesis. No regresaría a Sudamérica hasta 1988. En esta ocasión era el director de la primera casa de formación que la Orden de San Agustín poseía en la Arquidiócesis de Trujillo. Los religiosos defendían la justicia social y se comprometían de distintas formas con los más necesitados, como cuando llevaban a sus colegios a alumnos que vivían en pueblos lejanos para que así pudieran tener una educación. Procuraban, por otro lado, estimular las vocaciones locales. Entre tanto, Prevost se enfrentaba al peligro de la violencia. Rechazó tener un guardaespaldas porque eso hubiera evidenciado que no era un ciudadano cualquiera. Confiaba en que el color de su piel, un poco más oscuro, impidiera que le tomaran por un «gringo típico». Por su trabajo con los jóvenes, tomó conciencia de que la falta de opciones de futuro les abría solo tres caminos: unirse al ejército, a la policía o a la guerrilla de Sendero Luminoso. Las personas que le conocieron en aquel tiempo le recuerdan como un hombre disciplinado que sabía, sobre todo, escuchar. También se ha destacado la manera en que cuidaba el protagonismo de los laicos, a los que otorgaba puestos de responsabilidad. Según Elise Ann Allen, en aquellos momentos se vivía la sinodalidad antes de la sinodalidad, es decir, antes de que el papa Francisco hiciera de esta idea un pilar de su proyecto de Iglesia. Las mujeres, a su vez, ganaron presencia en la vida parroquial. León XIV, en cierta ocasión, se referiría a su estilo de liderazgo como algo que no era «primordialmente jerárquico, sino que más bien tiende a buscar la manera de unir a la gente y hacer cosas juntos». Abandonó de nuevo Perú en 1999. Tras ser prior general de la orden agustina, el papa Francisco lo nombró obispo de Chiclayo en 2015, el mismo año en el que obtuvo la nacionalidad peruana. En su nuevo destino encontró dos lacras sociales, la miseria y la corrupción. La situación de subdesarrollo agravó los efectos de catástrofes naturales como las inundaciones que se produjeron dos años después o la pandemia de la Covid, que en el país andino registró el mayor porcentaje de muertes a escala mundial. El futuro pontífice defendió entonces el acceso a las vacunas de los inmigrantes, como la población venezolana. También hizo que personas necesitadas recibieran dinero para el alquiler, durante tres meses, para que pudieran dedicar sus escasos recursos a la alimentación o a crear algún pequeño negocio. Su perfil en aquella etapa no estaría completo sin su contribución a esclarecer la polémica alrededor de Sodalicio de Vida Cristiana, una organización de características sectarias involucrada en abusos sexuales. De ahí que el papa Francisco la suprimiera. Por lo que parece, el Sodalicio intentó vengarse de Prevost difundiendo un informe calumnioso. El corresponsal Vicens Lozano lo detalla en

León XIV. Sombras bajo la cúpula (Roca, 2026). Perú es un escenario esencial para comprender la biografía del actual Papa. Fue allí donde, por utilizar la expresión de su antecesor, Francisco, se convirtió en un pastor con olor a oveja. De ahí que debamos buscar en la nación inca el origen de las grandes líneas maestras de su pontificado.

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