120 años del Nobel de Ramón y Cajal
Él sabía que antes o después seremos olvidados, pero nos quedará la satisfacción de que los descendientes nos deberán algo de su dicha y el mundo será más agradable e inteligible
El año 1906 fue importante para León. Se dieron 3 nacimientos importantes: el Diario de León, para mejorar la información. La Asociación Leonesa de Caridad, para paliar muchas necesidades de la época. Y la Venatoria, sociedad de ocio, en ese comienzo de siglo. Los tres parece que gozan de buena salud.
Pero además en nuestro país se daba el primer premio Nobel de Ciencia, concretamente de Medicina y Fisiología a nuestro compatriota Santiago Ramón y Cajal, compartido con el italiano Golgi, nombre conocido al estudiar la célula.
Ramón y Cajal para mucha gente es una calle, que se halla en casi toda España. Si preguntásemos algo más sobre él, no sería fácil la respuesta e incluso muchos dudarían si es una persona o dos. Nobeles de literatura quizá si sean más conocidos como Cela o Vargas Llosa.
Pero de ciencia es difícil, ya que todavía no nos hemos estrenado en Física o Química y en Medicina hay otro, pero era norteamericano en el 59 cuando lo recibió. Sí, se trata del asturiano Severo Ochoa, que igual nos suena más, pero tiene menos calles.
Son muy distintos, ya que Cajal hizo toda su carrera científica aquí, con medios muy limitados. Ochoa tuvo que irse a EE UU para poder disponer de mejores medios.
En ambos casos disponemos de series de TVE que nos pueden ayudar a conocerlos, además de la bibliografía, bastante numerosa.
En Cajal parece decisiva la influencia paterna. D. Justo Ramón, médico rural, se empeñó en que su hijo fuese médico, aunque no le gustó que no ejerciese la medicina, que parecía tener más futuro que dedicarse a la docencia y la investigación. Su empeño por «esclarecer los misterios ocultos en la ciencia» le llevaron a dedicar su vida a ello y los resultados guardan todavía vigencia.
Él sabía que antes o después seremos olvidados, pero nos quedará la satisfacción de que los descendientes nos deberán algo de su dicha y el mundo resultará más agradable e inteligible. (Pensamientos «de tendencia educativa»)
Y que «cada uno es escultor de su propio cerebro». El juvenil posee una plasticidad exquisita y la voluntad puede mejorar su organización.
Además, se oponía a la excesiva admiración de los grandes hombres, que llegaron a serlo por su trabajo. «No hay cuestiones agotadas, sino hombres agotados en las cuestiones».
Su trabajo científico se contiene en 15 libros y 300 artículos traducidos al francés y alemán, lenguas fundamentales en la ciencia de la época.
Dados sus medios precarios, se dedicó a la Neurohistología, empezando por embriones de animales sencillos, abandonando la teoría reticular, que estaba en boga. Se decantó por la neurona individual, como formadora del intrincado sistema nervioso. Esto fue una revolución en 1888. Todo acompañado de sus prodigiosos dibujos, incomprensibles con un microscopio de solo 1000 aumentos y que siguen vigentes 100 años más tarde.
En 1900 recibió el premio Moscú de investigación, que le abrió la puerta del Nobel de Medicina 1906, siendo el sexto entregado. Reconocía la valía de su investigación en el estudio del sistema nervioso. Lo compartió con el italiano Golgi, que todos los estudiantes conocen por su aparato, más que a Cajal. Este ahora también da nombre al cuerpo Cajal, orgánulo del núcleo descubierto por él en 1903 y recocido en Praga en 1999. Tiene relación con la atrofia muscular espinal.
Su obra científica sigue teniendo vigencia, pero también la humana, plasmada en sus memorias: Mi infancia y juventud, Charlas de café y El mundo visto a los 80 años. Ahí se da cuenta de todo lo que le queda por hacer, pero ya no tiene tiempo. Murió en 1934 a los 82.
De nada sirve al universitario recibir una cultura técnica eficiente y el ansia noble y patriótica de colaborar con la civilización, si al mismo tiempo no ve menospreciada la pereza, aborrecidas la farsa y la intriga, galardonado el mérito superior y reverenciado el genio. ¡Educación y Justicia al fin!
Existen muchas biografías, incluso en cómic como Ramón y Cajal, una vida al microscopio, de Bayarri y Huguet en Colección-científicos.com, una magnífica iniciación para jóvenes.
También están libres en internet la autobiografía: Recuerdos de mi vida y Santiago Ramón y Cajal, hasta donde quieras llegar 2021
Y la magnífica serie de TVE, protagonizada por Adolfo Marsillach.
Merece la pena recordar y conocer a Ramón y Cajal, especialmente los jóvenes y los tónicos de la voluntad. Reglas y consejos sobre investigación científica. No todo va a ser futbol, aunque dé más dinero y fama.