Diario de León

Carlos Santos De La Mota

Escritor

Los pu... ñeteros badenes

Ante es el incivismo de unos pocos la solución no puede ser el obstáculo para todos, sino la educación para esos pocos. Hay medios persuasivos para los menos colaboradores

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Siempre lo mismo. Somos muy tercos y da igual unos que otros. Obtusos y conscientes de nuestro emperramiento, porque cada oportunidad que tenemos para mejorar, oportunidad que aprovechamos para errar otra vez. Se repite que primero va el accidente y después la rectificación. Algunos dirán que avanzamos, no obstante. Sí, sólo que a veces la evolución es claramente involución, nada más que el proceso necesario cosido a un tiempo que nos llevará a otro. Y no necesariamente mejor. Será distinto.

Me he desayunado leyendo en este periódico el accidente ocurrido a un motorista (doble fractura de mandíbula, y que se recupere) en la calle Heriberto Ampudia, una de las vías que sale de la rotonda Donantes de Sangre donde se halla la Policía Nacional de San Andrés del Rabanedo y ámbito por tanto de incumbencia de ese municipio. Después de muchos años de desidia o abandono de esta calle y de tantas otras —pero los que estuvieron antes se escandalizan hoy porque no conocen la vergüenza ni memoria tienen que se lo recuerde—, antes con el asfaltado resquebrajado, algún socavón, metralla dispersa del conglomerado, parches de alquitranado sin ninguna gracia ni estética: simples pegotes amorfos, y para decir que se hace algo, pero mal, pues después de años, decía, por fin llega su asfaltado, todo de negro. Normal. Lo no normal es dejarla de negro absoluto con argumentos peregrinos de esperar a que seque... para pintar las rayas que nos guíen o adviertan. Sabemos que eso es hecho y acabado, si acaso con algún margen pero no de días y sin señalizar. Debió de ser recién abierta al tráfico cuando yo mismo pasé con bicicleta por allí, y me di un buen susto. El dichoso badén (más bien valla, que ya han quitado para volverlo a poner al poco pero ahora mucho más suavizado), negro como una noche negra, no me extraña que pillara al motorista de sorpresa haciendo que el impacto encabritara su moto obligándole a soltar las manos del manillar y lanzarle al aire como un muñeco. El impacto de repente y completamente imprevisto sobre esa «valla», negra en medio del negro todo de la calle, era una consecuencia segura, pero antes fue también presumible y evitable. Sin embargo para prevenirlo faltó materia gris, o llamémoslo lógica que está más al alcance de la media. Lo de sentido común es algo que cada vez se nos está alejando más. Hace ya muchos años la puesta de los badenes quiso ser una solución a las velocidades excesivas de algunos incívicos al volante y por eso proliferaron esos «reductores». Se optó por la solución drástica. De algunos se recogieron reclamaciones e indemnizaciones por daños causados. Pero al margen de eso que ya es causa para ponérselo a pensar, lo que parecía una solución es más un problema para la inmensa mayoría. Y si lo es para la inmensa mayoría, el remedio no es óptimo. No es posible que aceptemos como arreglo lo que es perjuicio para los más. Las vías, y especialmente las urbanas o donde la concentración de vehículos es mayor, deben estar despejadas, ser ágiles y favorecer el fluir de idas y venidas con los menos impedimentos posibles. Esos badenes, las isletas, medianas que nadie sabe para qué están toda vez que nunca cumplieron el objetivo ornamental y florido, absurdos carriles bici que además de su dudosa utilidad ocupan el espacio de la acera (espacio esencialmente peatonal y que como vehículos que son deberían ir por el espacio de éstos), bolardos indebidos, tacos de goma (¿sostenibilidad?, ese palabro muy recurrente hoy pero hueco) que ponen tope a los coches contra las aceras, rotondas inventadas y claramente innecesarias, además de pintadas infantiles sobre el asfalto, sin provecho ni utilidad, sólo gastar por gastar, muy propio de estos tiempos de derroche de tontería, todo ello son contratiempos en el fluir debido y razonable de la automoción. Pero es que además al peatón se le añade la impertinencia. No me imagino un gran centro comercial con estorbos en los pasillos frenando el libre discurrir de la clientela, salvo que así se pretenda, pero será por otros intereses. Tenemos la tentación de encauzarnos la vida en sus distintas formas con normas y reglas que nos suponen constreñimiento más allá del debido y que tantas veces nos debería indicar el sentido común. Hay algo de severidad autoimpuesta enmascarada de bienintencionada. Ni son precisas algunas obligaciones, ni es necesario que vayamos encorsetados. Los impedimentos están creciendo cada vez más y en mayor número. Estamos alcanzando altos niveles de capricho propuestos desde la autoridad de la teoría de los carriles, y por nuestro bien... Cada vez estamos más huérfanos del criterio individual. Los supuestos beneficios de los badenes no existen. Nadie lo puede demostrar. Los perjuicios, sí. En una gran ciudad que conozco bien no hallo ninguno. Ocasionan frenazos, impactos sorpresa con lesiones cervicales, reanudar la aceleración, más consumo y contaminación, averías, accidentes por descuido o acumulación de la movilidad por tapones. En realidad es una parada drástica de la circulación en armonía que establece el sistema de semáforos que esté en buena sincronía. Los incívicos de ayer son los mismos de hoy. Cuando superan el badén recuperan su euforia... «cual torna la cigüeña al campanario». Si el problema es el incivismo de unos pocos la solución no puede ser el obstáculo para todos, sino la educación para esos pocos. En todo caso hay medios persuasivos para los menos colaboradores. Un ejemplo del éxito de la educación compartida es el respeto muy mayoritario de los conductores con los pasos de cebra que no tienen semáforo (por cierto, demasiados). Si bien es verdad que algunos peatones deberían mirar antes de cruzar, también por respeto a la proximidad del automóvil. En fin, los estorbos estorban. Y hay cosas que mejorar además de los molestos badenes. Por ejemplo, y hablo de San Andrés del Rabanedo: el deteriorado asfaltado general; aceras en exceso peraltadas que, coincidentes con vados, presentan rampas de lujo de principio a fin para los coches, pero son aceras (pónganse de acuerdo en todo el municipio); baldosas rotas, a veces ausentes, otras sueltas; registros de luz y otros, hundidos; bocas de alcantarilla en algunos casos obstruidas con agujas de pino por abandono de limpieza y barrido; contenedores...; parques y jardines...; bordillos floridos a la larga en exuberante primavera, marchitos en el estío; semáforos muy mal sincronizados y hasta algún poste de éstos picado, oxidado e inclinado y visiblemente salido de su base, amenazando caída. Supongo que los responsables conocen su municipio. Pareciera que los impuestos sólo llegan hasta las nóminas. No pidan más. Gestionen mejor. Todo esto es más importante y útil que un badén. He oído que la calle párroco Pablo Díez la van a transformar. Hace mucha falta. Espero que, a quienes corresponda, estén iluminados. Es una calle escaparate que dirá mucho del municipio si se acaba pareciendo a una avenida para todos, personas, vehículos, negocios y viviendas, y no a una decrepitud alargada como hoy es su imagen. Y sí, fuera pasarela y tren soterrado. Es lo justo y lo que debe ser. Y a la oposicion: no saquen pecho. No son mimbres mejores. La poca agalla y calidad política de ustedes, simples cobrasueldos, están reflejadas en el depauperado cesto que hoy es León en todos los sentidos.

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