Diario de León

José Manuel Martínez Fernández

Presidente De La Asociación León Propone Y Miembro De Las Asociaciones Amigos De Portugal En España Y Autovía León Bragança

La economía portuguesa: un ejemplo para España y para León

Infraestructuras modernas, incentivos fiscales bien calibrados y mano de obra cualificada, han convertido al país en un polo tecnológico europeo

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Portugal, rescatado por la Unión Europea en 2011 tras una de las crisis de deuda más severas del sur de Europa, se ha convertido quince años después en el alumno aventajado del continente. Hoy es la economía de la eurozona que más crece, con un incremento del PIB del 2,5% interanual y del 0,8% trimestral, mientras reduce su deuda pública hasta el 85,7% del PIB y se sitúa entre los diez primeros países del mundo por capacidad instalada de centros de datos. El semanario francés Le Figaro lo ha resumido con una fórmula que debería hacer reflexionar a los responsables públicos españoles: infraestructuras modernas, incentivos fiscales bien calibrados y mano de obra cualificada, han convertido a un país tradicionalmente rezagado en un polo tecnológico europeo.

Detrás de ese giro hay, sobre todo, una decisión política deliberada y consensuada en lo esencial y también una ciudad —Lisboa— que no se limita a acompañar el crecimiento nacional, sino que lo impulsa. Portugal gestionó la crisis de 2011, con un rescate de 76.800 millones de euros, primero con un Gobierno del partido socialdemócrata (PSD) y desde 2015 con un Gobierno socialista (PS) minoritario, apoyado parlamentariamente por la izquierda radical (la denominada «geringonça»); combinado con un presidente de la República del partido contrario al del Presidente del Gobierno. La oposición realizó una colaboración constructiva con el Gobierno, en especial durante la crisis de la covid-19, que el propio PSD describe como «Oposição Responsável». Esa capacidad de negociación entre PS y PSD ha dado fruto a leyes tan interesantes como una ley de medidas fiscales para retener a los jóvenes emprendedores en el país (IRS Jovem). Portugal es también uno de los países que mejor ha gestionado y gestiona los fondos europeos en todos los marcos plurianuales. Y hay otras dos diferencias significativas entre España y Portugal en cuanto a la eficiencia en el gasto y gestión pública: en Portugal el número de municipios se redujo en los años noventa del siglo pasado a 308 en todo el país, cuando solo la provincia de León tiene 208. Y en Portugal no hay comunidades autónomas… Carlos Moedas, alcalde de Lisboa y excomisario europeo de Innovación, puso en marcha en 2022 el proyecto «Fábrica de Unicornios», un centro de innovación que ha atraído ya diecisiete start-ups internacionales valoradas en más de mil millones de euros cada una, procedentes de Estados Unidos, Brasil o Suecia. Regímenes fiscales atractivos para talento cualificado, créditos a la investigación y desarrollo, y una apuesta institucional sostenida, explican por qué Lisboa ha pasado de ser beneficiaria del crecimiento portugués a ser uno de sus motores, título que le valió el reconocimiento como Capital Europea de la Innovación. La pregunta que podemos hacernos no es retórica: ¿puede León aprender algo de este proceso? La respuesta, con matices de escala evidentes, es que ya ha empezado a hacerlo, aunque con una intensidad y una velocidad muy inferiores a las que el momento exige. El paralelismo más directo con la «Fábrica de Unicornios» lisboeta puede ser, salvando todas las distancias, el llamado «edificio rojo» de Eras de Renueva, el Centro de Empresas de Base Tecnológica que impulsa el Ayuntamiento de León. Tras años de ampliaciones sucesivas,, la última, rematada en diciembre de 2024 con una inversión de tres millones de euros procedentes de fondos Edusi de la UE, incorporó 28 nuevos puestos de coworking, un salón de actos y dos laboratorios, el centro alberga ya 23 empresas y 105 trabajadores, y ha sido rebautizado en honor a los astronautas leoneses de la Agencia Espacial Europea, Sara García y Pablo Álvarez. El alcalde José Antonio Diez ha convertido este edificio en bandera de una apuesta explícita por la tecnología y la innovación como alternativa a un modelo industrial. Lo que quizá falta para emular el proyecto lisboeta, es que el espacio sea conocido en otros países y en los foros donde se dan a conocer las empresas de base tecnológica; y los incentivos fiscales, si bien estos escapan de la capacidad de maniobra del Ayuntamiento de León, que solo puede actuar sobre los costes de alquiler y mantenimiento de los locales del edificio. Algo similar cabe decir del Parque Tecnológico de León, donde la Junta de Castilla y León ejecuta actualmente una inversión superior a los 20 millones de euros que incluye la urbanización de más de 500.000 metros cuadrados de nuevo suelo y un edificio institucional con capacidad para 250 puestos de trabajo, cuya finalización estaba prevista para la primavera de este año 2026. El parque, que ya reúne más de 40 empresas y supera los 2.000 empleos, es la otra pata sobre la que León podría construir un ecosistema tecnológico propio, siempre que la ampliación no vuelva a sufrir los retrasos que ya le costaron años de tramitación. La Universidad de León también puede contribuir a la creación de empresas de base tecnológica (EBT) entre su alumnado y profesores, fomentando de manera más actica la creación de «

star ups» y promoviendo proyectos de compra pública de innovación. En esta línea, es muy loable el proyecto «Quantum Iberia» del Centro de Supercomputación SACAYLE, que busca la creación y aplicación de tecnologías avanzadas mediante la integración de tecnologías cuánticas en computación, comunicaciones y simulación, en inteligencia artificial. Un proyecto financiado por la UE que se desarrollará precisamente en La Raya hispano portuguesa, la fronteres más antigua de Europa, pero la menos desarrollada económicamente. Pero si algo distingue el caso portugués es su capacidad de mirar hacia fuera, y ahí León cuenta con una ventaja que apenas explota: la frontera, la proximidad física e histórica. La provincia leonesa mantiene desde 2016 una Agrupación Europea de Cooperación Territorial con Bragança, presidida actualmente por la Diputación de León, que ha desarrollado proyectos conjuntos de turismo sostenible, movilidad transfronteriza y cohesión territorial entre ambos lados de La Raya. A esa estructura institucional se suma un tejido asociativo que lleva años reclamando, con escasa fortuna hasta ahora, una relación más estrecha con Portugal: Amigos de Portugal en España, Asociación Técnica Autovía León Bragança y León Propone, vienen presentando desde hace tiempo propuestas concretas para intensificar los vínculos culturales y comerciales con los distritos portugueses vecinos, más próximos geográficamente a León que buena parte de la España más industrializada. Desde 2008 la Asociación Técnica Autovía León-Bragança, que agrupa municipios y particulares en la reivindicación de una infraestructura viaria que conectaría el norte de Portugal —más de 4,5 millones de habitantes— con León, Asturias y el puerto de Gijón, y que continúa, asamblea tras asamblea, esperando que la Junta ejecute el tramo pendiente entre Puebla de Sanabria y la frontera. Y es también estrecha la colaboración de la Universidad de León con las universidades portuguesas, sobre todo con el Instituto Politécnico de Bragança desde 2004, con quien mantiene un constante intercambio de estudiantes, profesorado e información y hasta títulos conjuntos. Esta vocación portuguesa de León no es una ocurrencia reciente ni una moda pasajera: hunde sus raíces en la propia historia del Reino de León, del que Portugal se desgajó como condado antes de proclamarse reino independiente, un vínculo sellado en el Tratado de Zamora de 1143. Ese pasado común explica que León esté hoy hermanada con tres ciudades portuguesas: Bragança desde 2006, Oporto desde 2004 y, la más reciente, Viseu desde 2024, cuyo protocolo de hermanamiento evocó expresamente la liberación de la ciudad en 1058 por las tropas del rey leonés Fernando I (tras el fallido de Alfonso V, en cuyo intento falleció el de los «Buenos Fueros»). León tiene, por tanto, los mimbres institucionales, asociativos e históricos para intentar algo parecido a lo que Lisboa ha logrado a escala portuguesa: convertir la proximidad con un país que crece con fuerza en una palanca de desarrollo propio. Lo que le falta no es relato ni vínculo, sino decisión política sostenida en el tiempo, coordinación entre Ayuntamiento, Diputación y Junta, y la valentía de tratar la conexión con Portugal —vía Bragança, vía Viseu, vía Zamora, la autovía pendiente desde hace más dos décadas— no como un gesto simbólico, sino como una prioridad estratégica. Portugal ha demostrado que se puede pasar de rescatado a modelo en poco más de una década. León, con menos recursos, pero con más historia compartida que casi cualquier otro territorio español, no debería conformarse con mirar.

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