Desde el viejo reino: de la Peña a la Guzpeña
El viejo reino es un lugar imaginario, que hace alusión al Reino de León, hereditario del reino de Asturias, desde 910 con García I. De aquí surgieron los reinos de Castilla en 1038 con Fernando I y Portugal segregado en 1139 por Alfonso Enríquez, formando un nuevo país.
En cambio, León y Castilla unieron sus destinos en 1230 con Fernando III el Santo.
Y ahí nos vamos a centrar, en esa difusa línea que separa estos reinos, entre los ríos Cea y Pisuerga, que constituye esas provincias de Palencia y Valladolid. Antes se estudiaban en León y después en Castilla la Vieja. O sea, León y Castilla, a la vez.
Sin ánimo de polemizar ni herir sentimientos, vamos a comentar algunos lugares de esta montaña palentino-leonesa, que está bastante deprimida por mor del cierre de la minería. En un tiempo trajo gran riqueza, que sería paro y despoblación para mañana, que ya es hoy.
Ampliando un poco el foco llegamos al otro gran río: el Esla, de la misma longitud que el Pisuerga, famoso por pasar por Valladolid. O sea, Astura y Pisoraca en sus denominaciones antiguas.
Empezamos en Cistierna y sus aledaños. Importante núcleo con las Hulleras de Sabero y el ferrocarril más largo de vía estrecha, que se construyó para transportar el carbón a los Altos hornos de Vizcaya. Fue también gran medio de emigración a Bilbao, lo mismo que a las minas vinieron trabajadores extremeños y otros. Aquí también hay una zona de Peña, que da nombre a pueblos como Ocejo de la Peña, donde encontramos apellidos como Tejerina y Reyero, bellas localidades de la montaña de León. También hay que destacar un impresionante paraje geológico conocido por Manto del Esla, camino de Crémenes.
Otra zona curiosa es la Guzpeña, con su cabeza Prado y sus antiguas Hulleras y La Llama, origen de mis abuelos, más Robledo y Cerezal. Hacia el Cea nos encontramos Puente Almuhey y los pueblos de Valdetuéjar, con los restos del Palacio de los marqueses de Prado, que constituye actualmente el Hospital de Regla, en León. Y también la ermita de la Virgen de la Velilla, de gran devoción en la comarca.
Siguiendo la carretera vamos a llegar al límite de León, con el monte de Riocamba y el nacimiento del río Valderaduey.
Pasando de provincia, nos encontramos San Pedro de Cansoles, pueblo desolado por el fuego que vino de Canalejas y Calaveras. Esto demuestra que los incendios no entienden de provincias ni límites. Y subiendo al alto, la ermita del Cristo del Amparo, que ya forma parte de Guardo. Principal núcleo de la provincia de Palencia, rezaba un folleto de finales del XX, cuando esto era una pequeña Ponferrada, pero de 10000 habitantes. Corría el dinero y lo que traía consigo: bienestar y vicios. Minas y una importante electroquímica, llamada Explosivos, que fabricaba materia prima de plásticos. Para más información hay un documentado libro de Alejandro Polanco: Caliza y Carbón publicado en 2021.
Villablino y Guardo han sufrido las mayores pérdidas de población de la reconversión minera, quedándose en la mitad, mientras algunos núcleos más pequeños se han mantenido, como Puente Almuhey.
Pasando el Carrión y siguiendo la línea de tren de vía estrecha o el Camino olvidado de Santiago, nos adentramos sin solución de continuidad en La Peña palentina, que es el apellido de la mayor parte de los pueblos: Muñeca, Intorcisa, Villanueva, Santibáñez, Villaverde, Traspeña, Respenda, Castrejón… Aquí se encuentra el importante santuario de la Virgen del Brezo, que tiene el nombre de la sierra. Zona de León, siempre en litigio con Castilla, hasta llegar al Pisuerga.
Incluso formaba parte de la diócesis de León, que no de la provincia. En tiempos era provincia de Toro, en la actual Zamora.
Este sería «mi viejo reino», entre montañas de alrededor de2000 m, superados por el gran Espigüete, con cumbre en Palencia y faldas en Valverde de la Sierra, en León. Los montes tampoco entienden de provincias. Los pueblos andan por los 1000 m y nos invitan a habitar la montaña, con su encanto y dureza.
Surge mi colaboración «Desde el viejo reino» en la revista Quinqué de Guardo, que lleva más de 25 años haciendo una importante labor de atención a las dependencias, en zonas castigadas por el alcohol y otras drogas, especialmente en tiempos de bonanza económica.
Su obra sigue adelante, a través de la Asociación Comarcal de Ayuda a la Exclusión (Ascat), como antes lo hizo Cáritas.
En estas zonas limítrofes siempre hay la sensación de no ser de nadie, por lo que se agradecen las acciones conjuntas para facilitar información de esta parte del Viejo Reino, no demasiado conocida, en la España despoblada.