Diario de León

Carlos Santos De La Mota
​Escritor

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Sin políticos, sin políticas, sin vergüenzas y con carencias

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Ahondando en el olvido que nos confunde y los reparos que mutilan nuestras expresiones como no debieran, a la sociedad leonesa en conjunto debería insistírsele en la reeducación histórica como elemento sobre el que pivotara el crecimiento de su estima y la percepción de su peculiaridad y diferenciación. Debería ser cátedra política de responsabilidad ineludible. Pero hoy los altavoces son ajenos y la voluntad contraria. Tenemos cortado el hilo de la perspectiva y a todos nos han puesto a mirar otro interés. La gente de este pueblo ha olvidado la humillación y sumisión de la que viene. Habiendo sido, ya no es. Pero la responsabilidad que hemos de tener es la de levantarnos y defendernos contra la apatía y los actos que nos son injustos.

Ha pasado el tiempo. Y la dejadez y las políticas equivocadas ha sido la costumbre que nos ha llevado a la irrelevancia y aceptación de ella. Así mueren los pueblos, o viven, deambulando, perdiendo el reconocimiento entre los propios y la identidad sobre los de fuera. Poco a poco se alejan de sus referencias, pierden la autoestima y desprecian su valor. Nadie es subsumido o absorbido siendo fuerte. Por eso las expresiones que hagamos para su dignificación o reconstrucción territorial, si no son contundentes y ajustadas a coherencia, nunca llevarán a nada. El juego de los desaventajados sólo admite la apuesta decidida. Es obviamente un riesgo con poca pérdida estimada. Algunos que parecen del más reconocido leonesismo, virtud que yo nunca he compartido como ciencia política ni cultural (me basta y me sobra con ser leonés y tener conciencia de ello), tienen expresiones cuyo contenido es superficial y son poco evolucionadas en la reivindicación que necesitamos. De hecho parecen incongruentes, también inconvenientes si lo que queremos es derribar el orden establecido en esta injusta y empobrecedora ubicación autonómica. No hay frente de batalla que pueda llamarse así. Sólo maquillaje. Como maquillaje es también el del leonesismo político que pretendiendo el ámbito regional triprovincial y después de su larga andadura, los resultados no avanzan y el desarrollo de la idea y ramificación por el territorio quizá no pueda llamarse ni testimonial. Falla algún nervio, o voluntad, o compromiso, o estrategia y gente de valor que apueste. Y qué decir de la ocurrencia autonómica sólo como provincines, que no es más que el aprovechamiento de la sensibilidad social por algunos oportunistas y un colosal fraude a la leonesidad de conjunto que rebasa claramente su mísero interés al que excusan con «lo único posible». ¿Incompetentes, incapaces? No sólo; también mentirosos y vagos. Del resto, más de lo mismo, porque de nuestra mala suerte participan todos en el protagonismo de esta triste historia. En consecuencia, el leonesismo de los dirigentes leonesistas actuales es de risa, el de la ocurrencia autonómica de la provincina una estafa, y la política de los demás un consabido pierdetiempo. Nadie aborda ni estimula de verdad el desarrollo, el respeto o el reconocimiento y recuperación del territorio regional. ¿Quién puede impedir conversar? Sólo el desinterés político. Me pasan un escrito de David Díez Llamas, conocida voz leonesista (o así) que publica este medio (

El apartheid en algunas txoznas de Euskadi, 24-08-2026), y terminado de leer no puedo estar más decepcionado. Es una crítica a la singularidad vasca centrada en esas casetas de feria y en el subliminal mensaje de ir a unas u otras por el idioma. Como no es la primera vez que le leo estas inclinaciones tengo la certeza de que es uno de tantos que entran en un lugar pero el lugar no entra en ellos, por más que allí pasen la vida. Les pasa lo mismo a otros en Catalunya, justo los lugares que más reivindican su personalidad en defensa del apartheid, sí, que practica lo español, con matriz castellana, desde siglos y siglos hasta nuestros días. Lo terrible de esto, sin embargo, no es lo que hace uno u otro territorio en la legítima defensa y apreciación de su singularidad, sino que un «sensibilizado leonés» haga de quijote español a pesar de la carga, decepción y nulidad que lo leonés sufre y lleva a cuestas y de la que es responsable ese españolismo necio y sin recompensa. Es increíble cómo nos hemos olvidado de nuestras llagas y qué comprensión obtienen nuestros invasores. Es curiosa también la reflexión sobre pasear con la camiseta de la selección española de fútbol por las calles de Bilbao y obtener mayoritaria aprobación. Yo creo que vestir una camiseta de esas es más propio de adolescentes, o si es mayor como presumo que es el caso, de querer provocar alguna reacción, y eso también denota intención reñida con la teoría leonesista que es, fundamentalmente, reacción por agravio (del Estado). Además me cuesta mucho creer que a los paseantes en ningún lugar se les vea «apoyar» más unas u otras vestimentas. En todo caso camiseta española y teórico leonesismo o repudio del

statu quo comunitario (el portazo del Estado a nuestro derecho), juntos, llama la atención... La coherencia es la teoría que participa de la armonía entre lo que se dice y lo que se hace. Recuerdo que la entrada de Castilla en la nación leonesa no fue repartiendo abrazos ni caramelos. Quiso y obtuvo nuestra humillación y anulación. La posterior España fue marcada con la impronta del dominio castellano. Recuerdo que han pasado siglos de supeditación que han terminado en subsunción. Recuerdo corregirnos en la escuela el vocabulario leonés que nos quedaba, para que habláramos «bien». Hoy ya no es necesario. A través de la gran industria de la comunicación, una forma de conquista moderna y que no controlamos, todos hablamos y escribimos «correctamente». Pero hemos perdido mucho e íntimamente nuestro. El idioma es el alma de las sociedades, quien lo conserva pervive en su identidad, los que lo perdieron están desorientados y enfrentados a sí mismos. El recuerdo y poso de nuestra base cultural todavía lucha en el subconsciente con el encaje del sobrevenido. Se produce una alteración de la estructura reflexiva. ¡Menudo apartheid en casa propia! Éste es nuestro castigo. Castigo y desprecio que delatan esos rechazos a otras lenguas, como a la propia, aunque lo disimulen los camuflajes leonesistas. La defensa de derechos y libertades a veces tiene formas duras, contrarias incluso a la concepcion de libertad que uno tiene. Si este es el caso, quizá sea el momento de preguntarse si su razón ha estado expuesta a una horma de predominio, a las influencias de la cultura y ambiente iniciales, a las relaciones, al contexto cultural, social y profesional académico y laboral, y que todo eso recoja sus meditaciones troncales. Porque la razón como argumento inapelable es inexacta y está supeditada a un resultado de vivencias acumuladas. El leonesismo que yo veo pero en el que no creo, no va a ser capaz de nada. El resto del arco político se lo toma a broma, incluso los provincines de la provincina. Sus voces tienen que ser más claras y sus hechos más comprometidos. Sus participantes deberán tener más nivel y coraje. El pueblo está esperando una dinámica permanente de reivindicación y solvencia que le haga creer en el proyecto y enfilar el camino por sí mismo. Volver a ser nosotros no sería injusto. ¿O me estoy equivocando y lo que llamamos León tiene mucho sustrato castellano con excusa española?

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