La Virgen de la Encina no da abasto
No se está favoreciendo el equilibrio en la poca recuperación y no podemos caer en el error de centralizarla
Un año más celebramos la festividad de la Encina en Ponferrada y por supuesto el Día del Bierzo, asistiendo a las ofrendas que desde todos los ámbitos hacen a la Virgen y a las «ofrendas» que desde el ámbito político hacen a la ciudadanía. El próximo año es año de papeletas y sobres (entiéndase lo de sobres en el mejor de los sentidos, si lo hubiere) y toca darle al botón de la oportunidad del momento.
La buena noticia es que hay una coincidencia común en el fondo del mensaje, de recuperar la industria y con ello todo lo que conlleva a su alrededor (servicios, infraestructuras etc..). Una demanda no tan vieja como el hilo negro, pero casi. Y no porque los bercianos y bercianas seamos caprichosos con ello, sino porque ha formado parte de lo que se entendía como «transición justa» para esta comarca. Y si, comarca. Una comarca que va desde Puente Domingo Flórez a Palacios del Sil o desde Vega de Valcarce a Torre del Bierzo. Una comarca que tuvo en Fabero la punta de lanza de extracción del carbón y Cubillos del Sil como «locomotora» de generación de energía, consumiendo aquel carbón. Y por supuesto una comarca con Ponferrada como exponente de toda aquella economía productiva. Una comarca que aportó un importante crecimiento económico a la provincia, junto con Laciana y la zona Ciñera-Matallana, ayudando a la creación de infraestructuras, más allá de sus limites geográficos. Pero como todo cuento, tiene un final… o no. Un cuento con muchas «cigarras» y pocas «hormigas». Cigarras verdes como el vicepresidente de la Junta, que viene a hablarnos de la pena del derribo de las chimeneas, como si su única subsistencia fuese a significar el remedio. En política, se construye con la vista al frente y no necesariamente cara al sol. Las cifras son el mejor exponente para describir una realidad. Desde CC OO del Bierzo, hemos elaborado un informe en el que, sin descubrir nada nuevo, si queremos poner de relieve el recordar cómo ha evolucionado el Bierzo y sus cuencas, en un cambio desigual donde, desde el año 2000, Ponferrada es el único municipio que ha ganado habitantes. Mientras otras poblaciones importantes han sufrido una exponente merma demográfica: Bembibre 24,8%, Fabero 32,8%, Toreno 34,3%, Torre del Bierzo 39% y así podríamos seguir con otros tantos municipios. Y no solo es cuestión de habitantes, es lo que esa pérdida arrastra consigo en forma de servicios, públicos y privados, dejando las poblaciones a merced de las frecuencias de autobuses, que también se recortan. Esto nos demuestra que no se está favoreciendo el equilibrio en la poca recuperación y no podemos caer en el error de centralizar ésta. No descubrimos nada nuevo si decimos que esta comarca tiene muchas posibilidades, siempre las ha tenido. Quizás esa falta de mirada al frente necesaria y no pasar página conservando la esencia, no hayan ayudado en la parte que nos toca. Pero también el saber exigir a las administraciones lo que corresponde, que apuesten en su parte de responsabilidad y faciliten las cosas en la que no, simplificando los medios y las gestiones para ello. Sin complicar tanto la vida a entidades locales que solo quieren levantar cabeza. Bioeconomía forestal, apoyada por un modelo forestal contraincendios permanente. Ganadería con políticas de certezas y no incertidumbres, una potenciación de la agricultura acorde al vergel inmenso que supone el Bierzo, una industria fuerte y circular con una fábrica por cabecera de subcuenca y con inversiones en infraestructuras que, si no son las deseadas (AVE, autovías prometidas etc.…) se refuercen y actualicen, suprimiendo peajes como el de la A-71 y potenciando el transporte ferroviario de mercancías. Todo ello con las coordinaciones necesarias de las distintas administraciones. Y por supuesto, potenciar la universidad y extender los grados de FP, mermando la fuga de valores jóvenes. Ese no es un trabajo para la Virgen de la Encina, que ya tiene bastante con reafirmar ante sus fieles el mensaje de Jesús, cuando habla de «dar de comer al hambriento y de beber al sediento», aunque no sea rubio y de ojos azules. Esto ultimo lo digo yo, no Jesús. Pero seguro que de aquella ya lo pensó.