Diario de León

Francisco J. López Rodríguez

Profesor Jubilado De Fp

La guerra ha terminado ¡viva la República!

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Jesús Torbado, leonés de pro, nos dejó hace unos años. Compañero en épocas turbulentas, pero llenas de espíritu combativo y nunca revolucionario. Su mente era un manantial de agua cristalina.

En esa vida rebelde se le ocurre escribir sobre la guerra civil española y así publica, En el día de Hoy, premio Planeta. Plantea qué hubiera ocurrido si la guerra civil española (1936-1939) la hubiera ganado el bando republicano y no el bando franquista. Su obra finaliza con el parte de guerra y dice así: El ejército faccioso, desarmado y maltrecho ha cruzado la frontera. La guerra ha terminado. ¡Viva la República! Tengo base suficiente. Me he informado. He indagado y escudriñado la historia. He leído y leo lo que han opinado historiadores de la guerra civil española. Guardo en mis recuerdos lo que me han contado quienes han vivido la guerra y lucharon en el frente. Me he topado con traiciones, linchamientos, muertes, fusilamientos y torturas. Lucha de bandos amigos, en su día, enemigos en las trincheras. Luchas entre familias. Odios en los pueblos y entre los vecinos. ¿con qué me quedo? ¿quiénes eran los buenos y quienes eran los malos? Era la guerra. ¿Qué hubiera ocurrido, repito, si la guerra la hubiera ganado la República? Antonio Montero Moreno en su libro,

Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939, nos describe, con detalle, la persecución que sufrió la Iglesia en la zona republicana, durante la guerra civil española. Su obra se asienta sobre una base real, científica, de investigación profunda y, sobre todo, la transmisión real de quienes vivieron y sufrieron el conflicto. Parto de dos hechos muy relevantes. Una reunión habida en Moscú entre los dirigentes republicanos españoles y Stalin. Este les preguntó por la Iglesia y le respondieron: Ha desaparecido. Andrés Nin, jefe del partido Obrero de Unificado Marxista-POUM, escribe en

La Vanguardia, de Barcelona: La clase obrera ha resuelto el problema de la Iglesia, sencillamente no dejando en pie ni un edificio y aniquilación de sus representantes. El camino iniciado en España era una copia. No se puso freno a ningún desmán contra todo que significaba Iglesia. No olvidemos aquellas palabras de Manuel Azaña cuando Casares Quiroga le dijo que había que sacar a la guardia civil a la calle para frenar la quema de instituciones religiosas. Azaña dijo: eso nunca. Vale más la vida de un miliciano que cien conventos. En Barbastro, Huesca, los republicanos se cebaron con la Iglesia y fueron aniquilados el ochenta por ciento del clero, incluyendo al obispo. Es macabro leer las palabras del alcalde republicano de Barbastro, Pascual Sanz, quien afirmaba que, como personas merecían todo el respeto, pero que como sacerdotes debían desaparecer. En la línea de Antonio Montero, que describe minuciosamente, repito, la persecución religiosa en la España republicana no tendríamos que hablar de miles de españoles fusilados. Tendríamos que hablar de millones. Hoy, muchos que deambulamos por las calles no existiríamos. Nuestras familias hubieran sido aniquiladas. Un país dominado por los republicanos marxistas, comunistas, revolucionarios socialistas, con un ejército de milicianos pistola al cinto, metralleta en mano, mataban, fusilaban a todos aquellos que manifestaran signos religiosos y gasolina abundante incendiaban todo lo que encontraban a su paso con consentimiento del gobierno republicano ¿Habría hoy alguna Iglesia, templos, catedrales e instituciones religiosas en pie? No. En la zona republicana durante la Guerra Civil Española, se estima que hubo alrededor de 500.000 muertos en total, incluyendo 200.000 víctimas de asesinatos sistemáticos y brutalidades, sobre todo, contra la Iglesia Católica. Solo, en la zona republicana, desapareció el veinte por ciento del patrimonio histórico artístico fruto de la quema por milicianos. Los dos gasolineros que suministraban el combustible eran: Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto. Los socialistas tenían que estar callados y avergonzados de su pasado. Sí, en la zona republicana se persiguió toda práctica religiosa y, repito, los signos de esas prácticas fueron saqueados y quemados. Un ejemplo lo tenemos en la montaña central de León. En la retirada republicana se quemaron todas las escuelas, las Iglesias y no quedo ninguna casa en pie. Y sus moradores no fueron víctimas porque habían huido a otras zonas liberadas. Todo fue obra de los milicianos con anuencia de los mandos republicanos. En un pueblo, que omito, las imágenes de la iglesia las sacaron fuera y se ensañaron en la práctica de tiro. De esto, doy fe, por un testigo que lo presenció. Como leonés de pro, me hago esta pregunta: ¿Existirían nuestros monumentos emblemáticos, la Catedral, San Isidoro e, inclusive, San Marcos? Previsiblemente, no. ¿España tendría su Semana Santa con sus pasos de una riqueza incalculable, con tallas de los mejores escultores y pintores de todos los tiempos? No. Regiones como Castilla y León, Galicia, Andalucía, Cantabria, Asturias, Islas Canarias y Baleares, tomadas por las tropas franquistas, de haber ganado la República hubiera habido un genocidio y una masacre similar a la que se desarrolló en Moscú con Stalin y Lenin. ¿Existiríamos hoy los leoneses de la postguerra franquista? No. Serían los vengadores quienes ocuparían nuestro lugar. El comunismo europeo, a instancias de Stalin, destruyó todo patrimonio religioso y cultural y veinte millones de seres inocentes derramaron su sangre por mor de un sátrapa. España no hubiera sido excepción ya que quien gobernaría sería Stalin a través de: Negrín o de Manuel Azaña y, como arreadores, a Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto. La guerra, no ha terminado. Una ley impulsada por un vengador, un leonés, por nombre, José Luis RodríguezZapatero. Por cierto. potencial delincuente, investigado por los jueces por sus andanzas y desventuras, es el que ha avivado los sentimientos, Desenterrado el hacha de guerra y propagar por el territorio nacional infamias para que, de nuevo, estalle el conflicto. Vil iniciativa y peor engendro de una ley maldita. Esta ley abominable tenía que haber incluido todos los crímenes de ETA no esclarecidos y proceder a busca y captura de todos los etarras huidos al extranjero, entre otros, la detención de Ignacio de Juana Chaos, condenado a más de 3.000 años de cárcel por 25 asesinatos. Esto no interesa al señor de la Moncloa y al muñidor Bambi. Son los pactos de sangre de los traidores. Sin los terroristas, Sánchez no sería Presidente. Vil traición a España. Si seguimos vengando el pasado, la guerra no finalizará, hasta que haya que dar un nuevo parte por el nuevo Frente Popular, integrado por: los descendientes de ETA, Euskal Herria Bildu, Esquerra Republicana de Catalunya; Junts per-Catalunya, PNV, Compromís, BNG, Podemos y Sumar, que será redactado en los siguientes términos: El ejército formado por la ultraderecha del PP y los facciosos de Vox, vencido, maltrecho, harapiento y desharrapado. ha cruzado la frontera. La guerra ha terminado. Firmado: Don Pedro Sánchez Castejón, Presidente de la III República. Todos los partidos de izquierda, revolucionarios, comunistas marxistas y separatistas tendrían que arrodillarse ante los españoles y pedir perdón por tanta afrenta ya que son los culpables de resucitar el odio y la venganza, cuando han sido los protagonistas de un conflicto que provocaron.

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