FRONTERIZOS
Frío bélico
NO ha podido la ola de frío contrarestar el calor pre-bélico de estos últimos días. No han sido capaces las bajas presiones que han paralizado las carreteras del norte de la península de equilibrar el anticiclón que llega de la capital del imperio. No ha sido posible que la nieve de finales de enero enfríe la maquinaria del terror, que se prepara para ejercer, una vez más, en nombre de no sabemos qué argumentos, qué intereses, qué fines. Una vez más, Europa queda con el culo de su presencia internacional al aire, dividida entre la extraña entente cordial de un laborista de pega, un neoliberal de libro y un empresario extraterrestre que ha caído en la política, y el eje clamoroso de los dos países que se exterminaron mutuamente a lo largo del pasado siglo y, quizá por eso, han entendido que la máxima de que la guerra es una extensión de la política por otros medios sólo debe aplicarse como último recurso. Los que no entendemos la necesidad de la muerte ajena para la supervivencia propia más que en su sentido puramente metafísico, asistimos atónitos e impotentes a este embarque de uno de los presidentes norteamericanos más mediocres de la historia contra un dictadorzuelo de cuento que fue aupado al poder por un imperio al que ahora ya no le sirve. Una guerra particular a la que todos estamos invitados, en la que todos estamos implicados, con la que todos tenemos mucho que perder. ¿Qué podemos hacer aquellos a los que no nos gustan los modos integristas de Bush ni las posturas prehistóricas de Sadam? Esperar quizá una enorme nevada capaz de congelar los corazones de los que no tienen corazón.