Diario de León
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NADIE quiere la guerra excepto George W. Bush, Tony Blair, José María Aznar y un puñado de financieros y empresarios que buscan la reactivación económica desde el control de los pozos de petróleo iraquíes. Las opiniones públicas y las opiniones publicadas repudian la solución de desatar el monstruo de las batallas y nadie parece ver razones para determinar que los sucesos del 11 de septiembre reclamen la necesidad de asaltar Irak, que no tiene relación alguna con los terroristas de Al Queda y cuyos supuestos incumplimientos en materia de desarme de armas de destrucción masiva no han podido ser demostrados, a pesar de todos los esfuerzos y las presiones de Estados Unidos. Y, sin embargo, los preparativos de la guerra siguen su marcha en una inercia que parece imposible de detener. La cosa, las razones de esta guerra, no deben estar muy claras cuando los promotores de esta cruzada no logran convencer a sus opiniones públicas de la necesidad de la guerra a pesar del formidable aparato de propaganda del que disponen. En España, José María Aznar parece haber desestimado la posibilidad de convencer a los españoles de la necesidad de la guerra y ha retrasado todo lo posible su comparecencia en el Parlamento mientras su campaña de adhesión a Bush le ha llevado a crear un cisma en la Unión Europea. ¿Por qué este empecinamiento de Aznar sin que haya sido capaz de explicar las razones profundas de su identificación con Estados Unidos y de su alejamiento de los españoles? Aznar, al margen de repetir esa sin sustancia insoportable de que hay que elegir entre Bush y Sadam Husein, no logra tampoco explicar en qué consiste la amenaza de Irak. Algunos medios de información norteamericanos empiezan a hacerse eco de filtraciones gubernamentales sobre la supuestas pruebas contra Irak. Tenemos la obligación de estar prevenido contra las mentiras que se avecinan. La propia administración norteamericana ha advertido de que utilizará la mentira y el soborno de periodistas.

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