EN EL FILO
Una gala guerrera
José María Aznar y su ministra Pilar del Castillo se han visto en la necesidad de reaccionar a las cuatro horas de declaraciones antibelicistas en las que se convirtió la gala televisiva de los Premios Goya, en la noche del sábado. Cuatro horas con el constante estribillo de «no queremos la guerra» que debieron parecer un exceso, una pasada y un despropósito a un Gobierno que no duda en declararse preocupado y dolido por ese estado de opinión expresado por el mundo de los profesionales del cine. Aznar en declaraciones a Europa Press y Pilar del Castillo en declaraciones a Radio Nacional, han pretendido rebatir, o cuando menos, salir al paso de ese clima de opinión. El primero, situándose también él en el bando de la paz, de quienes quieren la paz, y culpando a Sadam Hussein del actual estado de cosas. La segunda, ha expresado su extrañeza, y ha llamado la atención a los profesionales del cine sobre el riesgo de que ese tipo de actos tengan, en definitiva, una naturaleza radicalmente distinta a la que se le debe suponer..., criticando directamente a quienes emplearon la entrega de los Goya para discrepar abierta y frontalmente de la política del Gobierno de Aznar. No parecen caber dudas de que la opinión pública ha reaccionado, en particular, contra la actitud beligerante o belicosa del Aznar que se ofrece a Bush, contra quien es perfectamente coincidente con el otro beligerante, Tony Blair, y contra quien se presta a encabezar una carta de jefes de gobierno europeos en apoyo a la política de Washington como réplica al pacifismo de otros dos dirigentes europeos, Alemania y Francia. Es decir, que en buena medida el clima antibelicista de los ciudadanos lo habría originado y provocado el belicismo de Aznar... Tampoco es improbable que ese belicismo de Aznar haya colaborado de manera decisiva en proporcionar los peores datos en la encuesta de intención de voto que ha proporcionado El País: por primera vez, los socialistas aventajan en dos puntos a los populares, según la investigación del Instituto Opina. En los últimos días, además, se han proporcionado datos que parecen comprometer más y más a España en un conflicto que, en una proporción contundente, los españoles no desean y ni siquiera entienden por falta de las pertinentes explicaciones: se asegura que Israel ha comprado a España vacunas utilizadas contra los gases sarín y nervioso y que España podría suministrar bombas tipo racimo a aviones estadounidenses si se llevaran a cabo bombardeos de saturación. Por si fuera poco, Aznar, en las referidas declaraciones a Europa Press, no excluía la eventualidad de una intervención de tropas españolas en esa probable e inminente guerra.