Diario de León
Publicado por
Rafael López
León

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Hasta las asépticas criaturas de Operación Triunfo expresan su opinión a la guerra anunciada, inmoral e inútil que pergeñan los mangantes, perdón, los magnates, del petróleo. Los actores, los cantantes, los periodistas, los funcionarios, los trabajadores, los escritores, los votantes de IU, del PP, del PSOE, del PNV, de CiU, de Coalición Canaria, los verdes, las amas de casa, los jubilados, los escolares, los profesores, los astrónomos, los magistrados, los católicos, los agnósticos, los musulmanes, los budistas, los ateos, los sindicalistas, los inmigrantes, los autónomos, toda la sociedad, salvo algunos pocos individuos marginales que defienden la idea de que con la violencia y la muerte se edifica la felicidad, está contra la guerra. Desde que éramos chicos se nos inculcó el rechazo a la guerra, del mismo modo que se nos enseñó a no robar, a no matar, a no utilizar la violencia para el logro de nuestros objetivos. Hijos del siglo XX, un siglo ferozmente azotado por el horror de las guerras (dos mundiales, la de España, la de Vietnam, la chino-japonesa, las de Oriente Medio, la de Corea, la de Afganistán, la de Irán-Irak, la de los Balcanes...), supieron nuestros mayores y supimos nosotros de su inutilidad y su horror, de tal suerte que toda la cultura de la civilidad se construyó sobre las bases de la paz, del diálogo, el derecho y la diplomacia, pero un grupo de ricos codiciosos sin empatía ni resonancia emocional, devotos sectarios del díos de la Bolsa y del Dinero, agrupados en torno al descomunal poder de la máxima potencia militar del mundo, están decididos, contra el sentir mayoritario y casi unánime de la humanidad, a pulverizar de nuevo esos pilares con sus bombarderos invisibles y sus bombas de fragmentación. Son tan pueriles las excusas para la matanza que se adivina, tan hirsutos y tan falaces los argumentos, tan mezquinos los móviles, que frente a ellos y a las armas que los sustentan sólo se puede, pero hay que hacerlo, elevar ese grito que nade a pachas del sentimiento y de la razón: No a la guerra.

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