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César Alonso de los Ríos
León

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Tenía razón la oposición cuando reclamaba que se debatiera la crisis iraquí en el Parlamento, y la tuvo también al pedir que el formato de las sesiones se atuviera a los cánones convencionales. Si hay un problema que exige la confrontación de los partidos y el empleo a fondo de los recursos parlamentarios es precisamente el que representa la participación del país en una guerra. Así que acertó el Gobierno al ceder. Una sesión limitada a los monólogos de los líderes partidarios habría sido tomada como una provocación, especialmente después de las manifestaciones masivas por la paz. Tanto Zapatero como Aznar saldrían del debate con el beneficio que da el pacifismo y la independencia nacional. Pero si acertó la oposición en exigir el debate, se equivocó en sus predicciones sobre éste. Zapatero se desfondó, CiU rompió la soledad en la que estaba el Gobierno, el PNV no fue capaz de inspirar la más mínima propuesta e IU hizo gala del primitivismo de sus tesis, de su antiamericanismo enfermizo... A Coalición Canaria el PP no le permitió el gustazo de dar una alternativa que podría haber sido aprovechada por el PSOE. Pero la conclusión más significativa del debate es que, en cuestión tan trascendental, Zapatero prefiere mantenerse en figura de oposición que en futuro jefe de Gobierno; le importa más conseguir el desgaste -legítimo por otra parte- del Gobierno que plantear responsablemente alternativas... No se entiende que el PSOE no haya entrado en la racionalidad que supone el acuerdo que había tomado la comisión europea tan sólo unas horas antes. Si Zapatero venía identificándose con las posiciones de Chirac y Schroeder, ¿por qué no aprovechaba el debate para demostrarlo? Esta fue la actitud de CiU y esta debería haber sido la del PSOE si la dirección socialista fuera capaz de estar por encima de la coyuntura. Objetivamente Zapatero cayó en la trampa que le tendió no ya Aznar sino la realidad misma. Sin duda alguna, José María Aznar y otros líderes europeos tendrán que enfrentarse a una situación difícil en el caso de que el Consejo de Seguridad no se pronuncie a favor de una intervención bélica en Irak pero Rodríguez Zapatero ya ha renunciado, temerariamente, a esa posibilidad. Desdeña ya los informes que puedan hacer los expertos presididos por Blix. Se ha colocado ya al margen de lo que todos los líderes europeos entienden como la única fuente de la legalidad internacional. A la vista de esto debe preguntarse si realmente le ha venido bien al Partido Socialista el debate parlamentario.

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