Publicado por
Ramón Pi
León

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Las denominaciones de Unión Europea y Comunidad Europea han mostrado su ampulosidad, acorde con la hipertrofia del lenguaje tan propia de los políticos. Resultaría bastante más adecuado a la realidad que se continuase hablando de Mercado Común, que es lo único que existe, porque nadie cree ya en la aspiración a la unidad política, a la vista de que uno de los pilares de la Unión Europea, la política exterior y de seguridad común, ha evidenciado su carácter utópico. En Europa realmente tampoco cabe hablar de unión económica entre países con diferencias brutales de renta y nivel de vida, especialmente si se considera la ampliación que ya está en marcha, y mucho menos puede creerse en la existencia de una unidad cultural cuando es preciso traducir cualquier norma europea a muy diferentes idiomas y muchos europeos, a pesar de ello, se encuentren con que la lengua que ellos hablan jamás aparece en el diario oficial europeo. Las diferentes posiciones puestas de manifiesto respecto al conflicto de Norteamérica con Irak han sido sólo un dato más para comprobar, efectivamente que Europa es vieja o, mejor dicho, antigua y, a la vez, variada. Ni siquiera en un solo país europeo ni en una de sus regiones puede suscitarse un grado de unanimidad que pueda compararse a que los dirigentes de los Estados Unidos consiguen movilizar ante cualquier apelación a la defensa y a la guerra. En Europa no sólo hay divisiones entre Francia, Alemania y Bélgica, por un lado, y los demás países, por otro, sino que la parcelación de las opiniones es, como siempre, mucho más compleja.

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