Dijo Morano
Quienes no lo creyeron -es decir, todos menos él- cuando dijo no a la guerra, y lo hizo a través del periódico sobre el que ejerce una gran influencia editorial, vieron lógicamente confirmados sus temores. Juan Morano Masa había salido del armario político. Pero poco. Las excusas descontextualizadas que ofrecía ayer en el mismo medio dan mucho que pensar y mueven a una reflexión profunda sobre la ética política y sobre el vergonzante sometimiento a la disciplina del partido. De cualquier partido. Pero, sobre todo, dan risa argumentos tan livianos. Porque en el Congreso sí se votaba guerra sí o guerra no. Adórnelo usted como quiera. Morano vendía su alma al diablo en un asunto en el que el PP no ha querido dejar margen ni para el suspiro. Y es que una cosa es decir «no a la guerra» para la galería y otra bien distinta es decirle «no a la guerra, señor Aznar». El de Morano Masa es un ejercicio contundente de doble moral, pero sobre todo es un acto de enorme cobardía política. Al diputado tertuliano -bastante más de lo segundo que de lo primero: una foto en tres años de ejercicio al hacer balance de la labor parlamentaria del grupo-, no le queda crédito ni para decir buenos días. Ex casi todo, y pronto incluso ex político, en una decisión valiente del mando de los populares de aquí -entiéndase que del jefe inmediato no orgánico, al que, por supuesto, no reconoce-, el no del envalentonamiento y del sí servil pone a Juan Morano Masa en evidencia ante los leoneses, pero sobre todo ante su escasísima clientela electoral. En fuera de juego político, vamos. Un poco más, si cabe, de lo que lo había dejado el congreso regional del partido.