Diario de León
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León

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Hay una sana energía en nuestra sociedad que las centrales de un anquilosado poder no saben turbinar. No están a la altura Bush, ni Blair, ni por supuesto Aznar cuyo objetivo inconfesable, a la vista del panorama, se resume ya probablemente en un «cómo salgo yo de ésta». Aznar apostó sin dudar por la línea implacable de Bush, -erigido en líder de una cruzada contra el terrorismo- pasando por alto que esta enfermedad global no puede abordarse con una misma medicina y plegándose ante esquemas de dominación social, económica e ideológica que portan en sí mismos el germen de la rebelión y del rechazo. Esa apuesta empecinada le va a costar muy cara a Aznar y a las gentes de su partido que se muestra como una piña¿ hasta que salte en pedazos. Por segunda vez la calle, la gente, los ciudadanos, van a ser la expresión de un descontento, de un modo ver las cosas diferente. Detrás del «no a la guerra» no hay olvido a la convulsa historia reciente, ni mucho menos se trata de pasar por alto que Sadam Huseín es un personaje ladino y carente de escrúpulos; es evidente que alguien que de verdad apreciara a su pueblo hubiera buscado ya hace tiempo una salida que no pusiera en riesgo su futuro. Lejos de los parámetros de un pacifismo de manual, -a veces tan miope como el belicismo desaforado-, lo que la gente clama, quizá sin acertar a explicarlo con claridad, es que es tiempo de cambiar las recetas conocidas. Es evidente que hay que plantar cara decididamente a unas organizaciones terroristas cada vez más peligrosas y encastilladas en un estéril fundamentalismo. Pero no es menos cierto que estos grupos constituyen el signo enfermizo en el que derivan situaciones de incomprensión, de explotación, de injusticia y de sometimiento; situaciones de desesperanza por parte de cientos de miles de desheredados de la fortuna que se sientan en el último lugar de la mesa planetaria. El 15-F salieron millones de personas a las calles del mundo, -hoy no saldrán tantas porque aquel hito es quizá insuperable-, con un mensaje que poco a poco se va amasando: revisen ustedes, señores de la guerra, sus oxidados esquemas. Hay que dar a la paz todas las oportunidades porque de los fracasos de la guerra somos ya todos unos auténticos expertos. Es falso que no pueda acabarse con Sadam y con gentes como Sadam con la fuerza de una perseverante presión internacional, de la paz y de la persuasión. Como no se acabará es con la desunión, con las acciones unilaterales, con las madres de todas las bombas y con las interpretaciones interesadas de la legalidad, siempre al servicio de las tesis del más bruto.

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