Fútbol y guerra
El nuevo estadio Antonio Amilivia registrará hoy el primer lleno absoluto de su corta historia. La selección nacional de fútbol se enfrenta a Armenia, en partido televisado en directo y valedero para la clasificación de la Eurocopa. Los niños leoneses han vivido unos días de magia e ilusión. Ningún otro circo podía ofrecerles algo igual bajo su carpa. Han tocado los chandals de los ídolos, coleccionado autógrafos, maquillándose de rojigualda, abrazándose al guiño cómplice de los deportistas. Hoy en el Amilivia no quedará ni un asiento vacío. Será una imagen de entusiasmo, multicolor, no comparable a ese encuentro de fútbol disputado en Bagdad por imperativo de un hijo del tirano Sadam Huseín, a la sazón también presidente de la Federación iraquí, mientras a escasos metros los aviones aliados martilleaban los barrios de la capital. En el estadio de Bagdad no había niños. En el Amilivia agitarán las banderolas y las sonrisas. Será una fecha imborrable para el dietario de sus vidas. Lo de menos es el rival. Armenia es una Selección cenicienta. Lo importante es el evento: por primera vez León es escenario de sueños, de un acontecimiento que suma y multiplica, no que resta y divide. Cuando ayer iba a almorzar vi a José Luis López Vázquez recreándose con la mañana de sol y luz a la vera del Emperador. No se paró ante él, leyenda viva del cine y del teatro español, ni un sólo niño. Si llega a ser Raúl, se habría montado un belén de tráfico. Los futbolistas de élite son algo más que deportistas. Los han convertido en fenómenos sociológicos. Sólo así se explica que sus fans más ardientes sean niñas quinceañeras. Lo mismo desparraman su ilusión ante Raúl, Casillas, Cañizares o Xavi, que ante el grupo Seguridad Social y su «Devuélveme a mi chica», ante Sergio Dalma cuando canta «Déjame olvidarte», La Cabra Mecánica y «No me llames iluso», o Alex Ubago y su interrogación «¿Sabes?». Una interrogación, ¿sabes?, que no pone candado a la guerra. Sólo la distraen. Para mañana está convocada una nueva manifestación contra la guerra en nuestra ciudad. Quizá haya más espectadores que en el Amilivia. Porque otros niños mueren en Irak en nombre de no sé qué libertad a la carta que el trío de halcones -Bush, Blair y Aznar- desean imponer en el valle del Éufrates a cualquier precio. Estremece la foto de ese niño al que han dejado como un pellejo de vino: sin brazos, ni piernas. Y la de esos tres hermanos inmolados cuando todavía no habían empezado a vivir. Ellos ya no podrán ver nunca un partido internacional, y mucho menos, jugar al fútbol. Ante esta locura de horror, ¿qué importa si desde el Ayuntamiento ha fracasado el intento de que Manuel Martínez realizase el saque de honor o de tener plaza en el palco?. Pasa desapercibida, incluso, la noticia de que Miguel Ferrero haya ganado las elecciones a decano del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales.