EN BLANCO
Maltrato
DICEN los cínicos que la música de una boda recuerda a la que acompaña a los soldados que marchan a la guerra. Y así es, a la vista del goteo de mujeres víctimas de la violencia doméstica que, un día tras otro, van cayendo en ese frente de batalla conyugal alimentado por todo un recital de despechos y amarguras. La conducta aberrante de un buen número de hombres que parecen tener el cerebro como si estuvieran esnifando pegamento, ha causado seguramente más muertes entre el género femenino español que los propios accidentes de tráfico. Ahora nos enteramos, por un informe del Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial, que el 75% de las víctimas mortales causadas por la violencia doméstica no habían llegado a denunciar previamente al agresor, lo que por supuesto imposibilita a la Justicia para meter en cintura a tiempo a los tarugos que, imbuidos de una masculinidad demoníaca, ejercen uso despiadado de la bofetología para saldar cuentas e imponer criterios. Es decir, que tres de cada cuatro mujeres fallecidas a manos de su pareja no habían denunciado a la bestia que amargó y finalmente puso punto final a sus tristes y vapuleadas existencias. Como las pulsiones de la maldad humana no tienen límites, ahí tenemos al abuelo de un pueblo de Palencia, otra alma mutilada, que ha llegado a abusar sexualmente de su propia nieta, una joven menor de edad. Ya sabíamos que la chifladura es un rango permanente de la condición humana, pero casos de este estilo dan ganas de cerrar la persiana y apagar la luz.