Diario de León
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León

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TRAS la polémica suscitada contra las reformas escolares promovidas por el Ministerio de Educación español, el Ministerio de Educación francés se dispone a seguir semejantes pasos. La Francia de Diderot, del racionalismo, ha caído en la cuenta de que debe instalarse en la escuela el mismo tipo de valores tradicionales, o sea, el premio al esfuerzo, al estudio, al mérito, y que está muy bien excitar la imaginación, pero si no te aprendes de memoria que la capital de Hungría es Budapest, a lo mejor cuando el alumno escuche la palabra Budapest se piensa que es un nuevo restaurante chino que han abierto en el barrio. La memoria se ejercita como el músculo, y sin ejercicio se tirna flácida. Premiar al que más se esfuerza, al que más trabaja parece lógico, pero en Francia, y en España, hemos estado durante muchos años dándole las medallas lo mismo al entusiasta que llegaba el primero que al perezoso que llegaba el último. Por desgracia, la sociedad ya se encargará de enseñar que no siempre la recompensa es equivalente al mérito, pero si lo desvelamos en la escuela y lo sancionamos como principio el proceso de la entropía hará su labor con una demoledora rapidez. Parece mentira que estas cuestiones susciten polémica y que, ante la terrible vacuidad de conocimientos de nuestros escolares, no exista un consenso más allá del interés político circunstancial. El idealismo ingenuo que no desea cárceles ni policías puede hacer mucho más daño que bien. A lo mejor habrá un día en que los escolares no necesiten vigilancia, ni sea necesario premiar o castigar. Pero hasta entonces procuremos que los ciudadanos no sean analfabetos tan modernos como funcionales.

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