Diario de León
Publicado por
Georgino Fernández
León

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Siempre resulta curioso ver a cualquiera haciendo algo totalmente apartado de sus quehaceres habituales, de su trabajo o simplemente ofreciendo una imagen muy diferente a la que tenemos asociada de él. Sucedió en Ponferrada esta semana pasada cuando, al hilo de los actos de la Semana de Exaltación del Libro, algunos de los representantes políticos locales más destacados como el alcalde, Carlos López Riesco, o la candidata del grupo socialista, Charo Velasco, se pasaron por el Salibrín para leer cuentos a los escolares más pequeños. El comentario irónico estaba servido y un colega lo hizo enseguida con la sonrisa cómplice de todos los que le escuchábamos: «No les costará ningún trabajo contar cuentos porque lo hacen casi todos los días». Seguramente no será para tanto pero lo cierto es que resultaba bastante curioso escuchar a personas que asociamos con obras, proyectos críticas, réplicas, denuncias y elecciones municipales hablar de la luna, de niños pequeños, de hadas y otros personajes fantásticos. Se suele decir que el camino más corto entre una palabra y la verdad es un cuento. Tal vez sea así, aunque en ocasiones la palabra «cuento» tiene un sentido peyorativo, completamente alejado de su verdadera esencia. En todo caso, lo que suena mucho mejor a casi todos los oídos _a lo mejor también hasta más verdadero_ son los cuentos, esas pequeñas historietas de final feliz donde uno sabe siempre donde están _y quienes son_ los buenos y los malos, los déspotas, los serviles, los ogros con buen corazón y a los que les gusta comerse niños. Hay ositos que hablan, cabritillas que se esconden de los lobos feroces, los gnomos que viven en el bosque, xanas, hadas y trasgus traviesillos pero buena gente en el fondo. En los cuentos, los de verdad, no hay trucos, engaños ni dobles fondos. Por eso no es malo que nuestros políticos bajen de vez en cuando a este pequeño mundo de la fantasía para recordar los niños y niñas que fueron en su día y volver a contemplar la luna; esa luna hechicera que ha dado pie a tantas reflexiones y a tantos cuentos e historias fantásticas, de esas que tienen sabor a invierno y fuego de leña. Desde luego que no es malo. Máxime en estos días que ahora vivimos con el motor de la campaña electoral funcionando a tope de revoluciones y con la vista puesta en los comicios municipales que se celebrarán el próximo 25 de mayo. Una época, esta, propia para que abunden cuentos de los otros. Los de promesa fácil y oportunista, dicha para arañar algunos votos o una voluntad endeble. Cuentos de media verdad o media mentira sin final feliz. Decididamente, nuestros políticos deberían leer cuentos más a menudo, no sólo coincidiendo con el programa de la Feria del Libro. Y deberían hacerlo para ellos mismos o para los niños. Eso los humaniza y los hace mucho más cercanos. De verdad. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

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