Diario de León
Publicado por
Luis del Val
León

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En un lugar apacible del paseo que discurre junto a la playa, mirando al mar que se extiende frente a él, Paco Fernández Ordoñez observa el Mediterráneo con mirada de bronce, pero en medio de una expresión que el escultor ha captado de manera exacta, porque está ahí la inteligencia, la ironía, la simpatía de Paco, con ese leve matiz de escepticismo que para él nunca fue motivo de desánimo. Acostumbrado al hieratismo de los mármoles, a la prosopopeya trascendente del arte estatuario, sorprende esta figura tan fiel, tan «animada» en el sentido más etimológico del término, tan viva. Y tanto, que a pesar de estar prevenido de esas características por un amigo periodista, sentí ese pellizco que traspasa cuando la iconografía deja de ser una representación figurativa más y trae el cálido aliento vital del personaje representado. Paco, en Santa Pola, mira hacia el lugar por el que vinieron los fenicios, sentado con sosiego, y eso ya me es más difícil de asumir, no porque Paco no amara el Mediterráneo y todo lo que vino por esa llanura de agua y sal, sino porque siempre que lo recuerdo me lo imagino peripatético en el interior del despacho de turno, amplio despacho, porque Paco necesitaba muchos metros para pasear, mientras hablaba, discurría, despachaba o pensaba en voz alta. Ibas a ver a Paco y no te librabas de los quinientos metros-despacho. Pero lo más raro de él lo constituyó el hecho de que fuera el ministro de Hacienda que nos impuso el IRPF, sin que nadie le pillara manía; el ministro de Justicia católico que trajo el divorcio; el único presidente de un banco -el Exterior- que publicó un facsímil de los poemas a mano de Neruda, o el ministro de Asuntos Exteriores que sabía dónde ubicar cualquier país sin necesidad de consultar un Atlas. Su mezcla de cultura y pragmatismo no era frecuente. Se escapaba a Santa Pola en cuanto podía. Y ahora está allí, mirando el mar. El día que estuve una gaviota había dejado una blanca huella en su hombro. Paco se habría reído, porque sabía lo que era la posteridad en este país que tanto amó.

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