Vagones y farolas
El tren Hullero ya no tose. Después de doce años de tratamiento, con inversión millonaria, ayer inició de nuevo su andadura de hierro entre León y Bilbao con musculatura de fuel y eléctrica. Acudieron a la efemérides el presidente de Feve y el consejero de Fomento de la Junta. Puro acto electoral. Se hicieron las fotos y en la primera parada volvieron a la ciudad. Ni siquiera cumplieron con el trámite de cortesía de saludar al corregidor del lugar. Quedan cuatro días para que concluya la campaña electoral y los nervios están a flor de piel. El poder se desgañita y luce en los ojales la flor de lo que ha hecho y de lo que nunca ha cumplido. Si la Cultural se hubiese clasificado el domingo para disputar la liguilla de ascenso, también tendría padrinos y madrinas. Como el fracaso ha sido de libro, sólo piden silencio y apoyo para un nuevo proyecto. ¿Cuántos van ya, joder?. León aparece en estas elecciones locales y autonómicas como el tubo de ensayo nacional. Nos ha visitado un alto cargo por metro cuadrado. El efecto Zapatero sólo no lo perciben los necios. Y quienes han diseñado el cuadro azul de actuaciones en León no son necios. Sea cual sea el resultado del próximo domingo, la riada de visitas, atenciones, promesas y proyectos, es directamente proporcional a la «denominación de origen» de José Luis Rodríguez Zapatero. Tras la visita de José María Aznar en precampaña, el pasado 1º de mayo, con el disgusto de las centrales sindicales, anoche la gaviota volvió a extender sus alas en el Polideportivo del Polígono 10. Un pabellón mítico para los conservadores leoneses. Allí, hace cuatro años, Aznar prometió poner alas a León. Una promesa que todavía no ha levantado el vuelo, aunque Mario Amilivia lleve en su programa, casi de tapadillo, el próximo inicio de la Escuela de Pilotos. La promesa sigue en las nubes, aunque nadie quiera ver el anuncio de Los Verdes, que dicen tener los pies en la tierra. Ayer volvieron al polideportivo del Polígono 10 los pesos pesados locales, regionales y nacionales del PP, con Mariano Rajoy de estrella. No sé si salió a colación la Escuela de Pilotos -allí la prometió Aznar hace cuatro años-, ni me importa. El protagonismo en la calle lo acaparó el vagón, cha-ca-chá, instalado en la glorieta del Crucero/Pinilla. Un monumento al mal gusto. Los vecinos quieren dinamitarlo. Al revés que los vecinos de la Plaza de las Cortes. Éstos tienen la plaza más fea de España, y quizá por aquello de que en su mayoría son conservadores, no levantan la voz contra la desidia y la conservan, tal cual, desde hace 40 años. Llevan dos mandatos prometiéndoles la reforma. Y ahí sigue, con su farola tuerta. No protestan como los del barrio del Crucero, sino que aceptan, incluso, ser interventores de mesa el 25-M.