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León

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L centro sociológico, ese gran caladero de votos, no se habría desplazado ni a su izquierda ni a su derecha en estas elecciones y esa inmovilidad ha evitado que las fuerzas políticas recibieran el 25-M premios y castigos de mayor cuantía. El PP no se ha visto penalizado por las decisiones más controvertidas del Gobierno, y al PSOE no le han beneficiado las suaves maneras de su líder Zapatero. Y es que el centro sociopolítico es muy suyo, habita en las ciudades, grandes o medianas, formando el núcleo de población dedicado a las profesiones liberales, junto a las del funcionariado y el comercio, y sólo renuncia a su proverbial escepticismo ante incitaciones de cierta trascendencia o, al menos, inteligentes. Se ha podido comprobar que el PSOE no puede crecer más por su izquierda, pues allí lo frena IU, que tampoco ha crecido, al menos de manera satisfactoria para sus intereses, y al centro le habría arañado pocos votos, sobre todo en Madrid, donde la candidatura socialista al ayuntamiento ha sufrido un cierto descalabro. Debe añadirse que al PP también le habría fallado el centro propiamente dicho, y de ahí la derrotada numérica de los «populares» en toda España, aunque por margen muy escaso, excepto en algunas ciudades, como Burgos. Los sociólogos creen que el centro sociopolítico se divide en tres sectores electorales: a) el de simple tendencia conservadora, que vota sin esfuerzo, aunque a veces sin el menos entusiasmo, a la derecha; b) el de ideología flexible, que necesita ser estimulado por unas ideas más diferenciadas que las que el PSOE maneja actualmente, con un lenguaje poco atractivo, y c) el que podría identificarse como progresista, pero al que sólo se le puede movilizar con argumentaciones persuasivas, ya que el progresismo no cuenta, entre sus virtudes, con la disciplina de voto. Esa disciplina sólo se da en la militancia de los partidos o en sectores invariablemente fieles de lo que podría llamarse derecha dura. Ayer fingían los grandes partidos una felicidad que estaba en desacuerdo con sus resultados, y si desorbitadas parecían las valoraciones del PP, al hablar de un «éxito rotundo», consoladoras resultaban las del PSOE, al aplicar a su mínima victoria numérica el adjetivo de «incuestionable». Nadie cuestiona la euforia virtual de las fuerzas políticas, pero a los socialistas convendría convencerles de que sus resultados han sido mediocres, por mucho efecto euforizante que tenga su victoria en la Comunidad de Madrid y por mucho que minimicen su pérdida de poder en Baleares. Le llega al PSOE esta advertencia en buen momento, con tiempo suficiente para orientar su estrategia hacia el centro político.

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