Diario de León
Publicado por
ORDOÑO LLAMAS GIL
León

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COMO no estoy muy ducho en el idioma italiano no sé el significado exacto de «porca» (aunque me lo imagino), pero sí de miseria, y comprendo que pobreza no es lo mismo que miseria. Sin embargo lo de «porca»... Comenzamos sin ilusión otra misérrima temporada de pesca, durante la cual la mayoría nos sentiremos defraudados, tanto por la falta de pesca con por la falta de consideración a que nos vemos sometidos para practicar el deporte lanzando (que no de la pesca), desde las instrucciones que rigen y guían el destino de nuestra afición, convirtiéndola en una voluble y desconcertante actividad, todos los años mancillada con infinitos y caprichosos cambios destinados, según parece, a conservar lo inconservable. Pero, cuando llega el momento de la desveda de la trucha, nada nos arredra. Somos capaces de agachar la cerviz y soportar toda clase de miserias y humillaciones con tal de poder empuñar nuestra caña y lanzarnos alanzar, como 40.000 seres clónicos obsesionados por conseguir las más ínfimas capturas, soportando viento, agua, nieve y frío, no cejando en nuestro empeño hasta que la tarde declina y la oscuridad nos expulsa hacia nuestros hogares, con la miseria como dueña y señora de nuestras cestas. Para una nueva excursión elegimos otro destino en diferente río, lugar que ya conocíamos como ideal años atrás, pero he aquí que lo encontramos cambiado, muy cambiado, rebosante de porquería (¿porca?) en sus orillas, con las salgueras salpicadas de ornamentos plásticos, tejidos, botellas, etc, etc, y el lecho del río adornado con ruedas, lavadoras, lavabos, cajas (todo ellos viejo), que puede que sirvieran de defensa a las truchas que habitaron en tiempos remotos el lugar. Fracaso absoluto, sólo animado por diminutas picadas de algunos alevines despistados, miserables descendientes de los otrora habitantes naturales y adultos. El panorama que se nos presenta es, por desgracia, así de miserable. Decepción tras decepción, fracaso tras fracaso, solamente la lotería de los primeros días para muy pocos, y después a la espera de que el azar haya querido que entre los dos o tres permisos elegidos coincida que uno de ellos haya sido repoblado en los días anteriores, bien por causa de concursos, «semanas», campeonatos o por simple vergüenza de haberse pasado un mes o dos de ceros consecutivos, a pesar de ser un acotado. Sin embargo, existen cotos privilegiados en cuanto a guardería, repoblación, senderismo, vigilancia y exposición, como si fueran el escaparate de lo que en esta provincia debiera de mantenerse. Son de todos conocidos: El Condado, que hasta la temporada pasada servía de ejemplo a propios y extraños, por el niño mimado de ICONA, dando casi siempre muy buenos resultados en cantidad y tamaño de las capturas (con muerte); ya entonces fue dividido en dos tramos, uno con muerte y otro sí muerte. ¿Qué se suponen ustedes que sucedió? Que en el tramo con muerte empezaron a cosecharse ceros y sin embargo en el tramo sin muerte había una población exuberante de truchas para diversión de puritanos del látigo. Santa Marina del Rey -rey de los años sesenta- se vio reducido a porca miseria hasta que ICONA decidió repoblarlo intensivamente para escenario de concursos y diversión de puritanos del látigo. Y Gradefes, que prometía ser el emperador del Esla, es tratado con esmero cuando llegan los concursos como la Semana Internacional (¿), pero el resto del tiempo tiene que arreglárselas por sí mismo. Y Quintana... ¡pobre Quintana con cormoranes! Muchos de estos cotos han venido a favorecer a los pescadores locales quienes, al conocer al dedillo los horarios de la guardería, amanecen en el río y pescan (a lo que sea) hasta poco antes de la hora que saben que el guarda comienza su trabajo. ¿Por qué, si no es así, han de repoblarse cada poco estas zonas que son sin muerte, como Santa Marina? Si se devuelven todas las truchas al agua ¿cómo es posible que se agoten o desaparezcan? ¿Qué mayor depauperación de la fauna piscícola se demuestra que con los nuevos y desequilibrados cupos de ciprínidos (igualando a las tencas y a los barbos con las bogas y los cachos), pércidos y lúcidos, éstos últimos sometidos, para mas burla, a la exterminación eléctrica? La poca pesca, el agua muy contaminada, el abandono de las orillas llenas de obstáculos plásticos, vegetales y minerales, el dragado indiscriminado, las graveras con patente de corso, el ínfimo caudal durante las frezas y los tratamientos eléctricos ¿se pueden catalogar como «porca miseria»?

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