AL DÍA
Excesos vaticanos
RESULTA sorprendente que a estas alturas, y tras el Concilio Vaticano II, la Santa Sede persista en su voluntad de imponer a la sociedad civil sus normas restrictivas, sin acabar de entender que los legisladores democráticos tienen la obligación de buscar amplios consensos, lo que excluye la imposición de visiones dogmáticas y unilaterales. Una cosa es la moral privada -en la que tiene plena incidencia el factor religioso- y otra distinta la moral pública, que debe ofrecer un generoso margen para la libertad.