EN EL FILO
Salsa (asque) rosa
UN PROGRAMA del corazón más bien poco edificante, llamado Salsa Rosa , albergó este fin de semana uno de los debates «políticos» más nauseabundos que recuerdo. Jesús Gil acusaba al actual alcalde de Marbella, su ex amigo, ex protegido, ex correligionario y, por qué no decirlo, ex cómplice, Julián Muñoz, de estar «degradando» la ciudad de la Costa del Sol que el propio Gil había ya conducido a una increíble degradación, no sólo urbanística. Ver a dos personajes del calibre de Gil y Muñoz tirándose los trastos a la cabeza era mucho más que un espectáculo de frivolidad veraniega televisiva. Y no puede olvidarse que hay un concejal de Urbanismo de por medio, en una de las zonas en las que el medio ambiente ha sido más pisoteado en todo el mundo en aras de las «finanzas del ladrillo». Resulta algo lamentable la manía de ciertos políticos de talla nacional por eliminar cuanto de investigación y lucha anticorrupción existe, o existía, en España, precisamente cuando la evidencia de corrupción está llamando a la puerta de manera tan insistente. Esta manía se refleja desde los ataques sufridos por la Fiscalía correspondiente, que ciertamente no se había mostrado demasiado operativa ni imparcial, pero que, al menos, era, hasta en la desaparición de alguna dependencia de los servicios de inteligencia que ha sido desmantelada -parece que los sucesores del Cesid no quieren sino que se investigue en el ámbito exterior, no en el interior, para evitar que se repitan algunos escándalos de las épocas de los generales Manglano y Calderón-. La cosa va mal cuando nadie denunció en su día, con la fuerza que debía, los manejos del Gil, y no sólo del Gil, en Marbella, y no sólo en Marbella. O el hecho increíble de que un delincuente -presunto, por supuesto- que se ampara bajo la toga pudiese convertirse en candidato a la Alcaldía de La Línea, junto a Gibraltar, meca de todas las irregularidades, y manejar la campaña con sus asquerosas insinuaciones y difamaciones y sus métodos salvajes, a los que nadie, el Gobierno del PP el primero, parece capaz de poner coto. Pero, en fin, resultaría injusto cargar sobre el Gobierno del PP la mayor parte de la culpa de cuanto está pasando. Desde hace años el cómplice del gilismo ha sido más bien un sector del PSOE, una vez más incontrolado desde Ferraz. No han sabido los dirigentes socialistas manejar el increíble culebrón marbellí, ni embridar a la fogosa Isabel García Marcos, la ex responsable del PSOE en aquella ciudad costasoleña, que tiene muchas cicatrices de otras tantas luchas políticas.