Diario de León
Publicado por
LUIS DEL VAL
León

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EL PERSONAL diplomático español posee un gran nivel de profesionalidad y, cuando alguna vez un embajador ha metido la pata, o ha dado muestras de una indelicada bizarría, en la inmensa mayoría de las ocasiones el autor de la metedura ha sido un embajador político, ajeno a la carrera. Inocencio Arias es uno de esos buenos profesionales que sirve a los intereses del Estado y cumple las directrices que ordena el Gobierno, sin que le produzcan preocupaciones el partido político al que pertenezca dicho Gobierno, de la misma forma que los pilotos de aviación se hacen cargo de los aparatos, sin que en ellos influya quiénes compongan el consejo de administración de la compañía aérea. Pero a esta profesionalidad Inocencio Arias añade dos características que no todos los diplomáticos reúnen: es muy inteligente y es simpático. A esta dualidad añadiría otra circunstancia: desde los tiempos de la transición, en que llevó con eficacia ejemplar la Oficina de Información Diplomática, es muy popular entre los periodistas veteranos, y cuenta con muchos amigos entre ellos. Eso significa que es una persona muy accesible y escasamente protocolaria, que no rehuye una declaración, cuando muchos de sus compañeros requieren del papel de fumar para cogerse con cuidado las palabras. Y puede que alguna vez en lugar de decir quizás, como ordena la ortodoxia precautoria, haya dicho sí o no, pero no es un imprudente, ni un indiscreto, ni un voceras, ni siquiera un descuidado, porque posee demasiada habilidad para distraerse. Ya me gustaría a mí, como administrado que paga su parte de los sueldos de las embajadas, que todos los diplomáticos poseyeran los reflejos, los conocimientos, la sutileza y la capacidad para ganarse voluntade que posee Inocencio Arias, Chencho para los amigos.

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