Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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HASTA el New York Times se ha rendido a las excelencias de la alta cocina española, evidenciando su entusiasmo con el reportaje que dedica al chef catalán Ferran Adriá. Los platos vanguardistas y rabiosamente actuales, como los que prepara el considerado mejor restaurador del mundo, ganan por goleada en las preferencias colectivas a la cocina casera de toda la vida, anclada en los productos y sabores del terruño. El problema es que resulta difícil entender las cartas de los restaurantes, ya que entre la batería de caprichos goyescos ofertan cosas tan insólitas como caviar de manzana o esas pintorescas espumas que dicen proceder de los erizos machos y que así, a simple vista, recuerdan a las escurriduras de mingitorio. En este sentido y llevado por el mismo espíritu aventurero que catapultó al hombre hasta la Luna, me atreví a pedir en una tienda de Gijón uno de esos delirios congelados que pretender ser, los muy bellacos, nuevas versiones de los clásicos y toman forma de helado de calamares en su tinta o helado de fabada. Pues bien; coges el cucurucho con cierta prevención, dispuesto a entrar de una vez por todas en la senda de la modernidad. Pero cuando saboreas la primera esquirla de fabada sientes como si te hubieran dado una patada en los mismísimos y el corazón te da un brinco de protesta e incredulidad. Una señora mayor que estaba a mi lado, la muy temeraria, solicitó un helado de queso de cabrales. A la pobre comenzó a bailarle la dentadura postiza y, de la misma impresión, se le cayeron hasta las medias. Las leyes del cruel dios Mercado podrán decir lo que quieran, pero los españoles no nos merecemos el helado de fabada ni siquiera el de espárragos trigueros. Bastante tenemos con los políticos que nos han tocado en suerte. 1397124194

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